Martha Robles

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El zoquete por venir

Marx Arriaga. El Unversal.com.mx

La “reconstrucción nacional” ha elevado al zoquete a modelo de bueno, sabio y capaz de transformar su propio destino con nada intelectual ni gustoso en su haber. A diferencia de una mente educada, el zoquete tiene dificultad para entender las cosas, aunque sean sencillas. Ajeno a los beneficios del conocimiento, vive de lo que le dan o consigue con lo elemental. Es un individuo en bruto -si tal fuera posible-, a pesar de considerarlo “honesto y con mucha capacidad”, como diría quien repudia la diversidad y el refinamiento tanto como los logros de la razón, de la ciencia, del arte, del pensamiento y del civismo. “Buen gente” y manipulable desde la perspectiva oficial, el zoquete recibe sin aportar ni retribuir. En su condición de hombre-masa no requiere letras ni gusta de ellas porque es uno de los productos más elementales (y costosos) de los peores procesos “educativos”.

Esto viene a cuento porque en días pasados el  amañado funcionario que paradójicamente publicita la lectura aborreciéndola se atribuyó el derecho de aclarar, en nombre de la educación pública, que  “leer por goce es un acto de consumo capitalista”. Afirmación tan pujante sólo pudo ser de un tal Marx Arriaga durante un discurso sin pies ni cabeza, en la Escuela Normal de San Felipe del Progreso. Por el cúmulo de barbaridades que identifican a este protegido del régimen, es indispensable que aclare qué clase de “filología”  dizque estudió en la Universidad Complutense de Madrid, pues una de dos: era el más burro del salón o es un farsante infiltrado en las políticas educativas a saber por cuáles prendas.

Hay que insistir que el zoquete nunca ha experimentado un goce tan sagrado y fecundo como el de la lectura. Tal complacencia enriquece el saber,  el entendimiento y la capacidad de elegir. No más privilegio de escribas, monjes, escolapios y laicos a cuenta gotas porque las culturas modernas han puesto a la disposición de quien pueda y quiera leer todo lo que ha discurrido el hombre en cualesquiera de las lenguas. Por las Scherezadas emblemáticas sabemos que lo más disfrutable no es la ideología ni la grilla, sino los relatos, mejor si cuentos, anécdotas o mitos sobre dioses, genios, comerciantes, reyes, magos, animales... Prueba de ello es la felicidad de los pequeños  cuando acceden al universo del libro en voz de los padres, los abuelos o de quienes hayan probado la magia de ésta, una de las más altas, nobles y luminosas invenciones del hombre. No por nada Borges definió el libro como extensión de la memoria, del sueño y la imaginación. Eso de que la lectura es para “emanciparse” y no para gozarse es una  tontería  de los “grillos” que no se bajan de la prédica de los sesenta. Qué hacer con lo leído no es ni debe ser atribución gubernamental porque el lector, a diferencia del zoquete, descubre quién es, cuáles son sus límites, su situación en el mundo y en lo que puede convertirse.

 Pareciera que como no es suficiente la cantidad de zoquetes que pululan en nuestra sociedad superpoblada, este peculiar cráneo de la 4t ha decidido multiplicarlos mediante dislates sin fin.  Sembrado de prejuicios acaso extraídos caprichosamente del Manifiesto Comunista de 1848 (no de los tres tomos de El Capital), el elegido para rellenar los “contenidos educativos" de los textos de la SEP se presume “filólogo”. ¡Ah, caray!, estamos ante ese quehacer de “burgueses” desde los días de la Biblioteca de Alejandría… Así las paradojas… Sin la máscara, este individuo está más cerca, obviamente, de los grillos que interrumpían las clases en la UNAM para espetar peroratas contra la burguesía, los burgueses y los pecados capitalistas que de los filólogos clásicos o amantes del saber, de todo el saber y las palabras, a los que tantos hallazgos debemos desde los remotos días del Museion alejandrino hasta nuestros días. Para colmo y como si fuera broma valleinclanesca, este fantoche arrastra el estigma de llamarse Marx Arriaga. No Max Estrella, no: Marx, como el que aun siendo uno de los escritores menos y peor leídos y/o estudiados es de los más “adivinados” por la feligresía anticapitalista.

Hay que reconocerle a nuestro Marx del Altiplano su alto concepto de sí mismo pues impúdicamente se enseñorea lanzando galimatías y haciendo del zoquete un ideal educativo. Un zoquete que a cambio de no se qué ni cómo combatirá la cultura que sus afines califican de fifí. Que alguien por favor me explique ¿qué es ese idiotismo? Por sus indicios es de suponer que los “contenidos educativos” son una caja de Pandora. Sus primeras calamidades remontan el realismo social de las dictaduras comunistas. Aún se ven los engendros monstruosos de que fueron capaces esos regímenes en la arquitectura, el teatro, la poesía, la política… Vaya, que abominar de lo bello, lo bueno, lo gozoso y lo diverso a estas alturas no puede ser más retrógrado ni más peligroso como política educativa.