• Perfil
  • Blog
  • Libros
  • C.V.
  • PODCAST
  • Contacto
Menu

Martha Robles

.
escritora

Your Custom Text Here

Martha Robles

  • Perfil
  • Blog
  • Libros
  • C.V.
  • PODCAST
  • Contacto

Del libro y la memoria

April 24, 2024 Martha Robles

Entre libros

Al mismo tiempo descubrí la lectura y las habilidades de la memoria. Deslumbrada, me entregué a su torrente vertiginoso y lo inconcebible cobró lucidez,  forma y sentido. Fue la hora de las primeras veces, cuando lo nuevo se recibe como milagro.  Aparecieron con este hallazgo la idea del destino, la atracción de los sueños, el misterio de las emociones, la curiosidad y la pasión por los libros.  

Gracias al saber que se sabe sin saber que se sabe, supe de repente que las historias que me atrapaban ya fascinaban a los remotísimos abuelos, cuando se reunían a orar, cantar y contar alrededor del fuego; es decir, fábulas en las que el Hombre se mueve, se observa o se imagina sin perder de vista a los demás; y, como ombligo del universo, demuestra que todo desea, crea y destruye dioses, tiene dudas, cree en la magia, piensa y se piensa, pelea, ama, codicia, sufre, medita, se alegra… En su ficción verdadera el Hombre también inquiere la vida-viva y el horizonte de las sombras, en suma, se imita a sí mismo para hacer de las letras uno de los logros de la razón creadora.

Supe sin tardanza que estaba el Hombre en el centro del relato; el Hombre con su necesidad de entender, conocer y sorprenderse, aventurarse, descubrir, batallar, moverse, vencer obstáculos e ir más allá de lo aparente... Hasta en los pasajes tormentosos permanecemos atentos a lo que nos atañe y se reinventa en fábulas que viajan y se transforman de padres a hijos, de la voz al oído; de los recuerdos a las fantasías y de las vivencias a ficciones que enriquecen el mismo relato. Esto, porque ni siquiera el arte de las letras escapa a la reinvención de lo humano en su eterno retorno. Entre líneas me percaté de que la vida es un viaje y que de generación a generación varían las formas, nunca el fondo del ser ni sus fantasmas. De un día para otro y gracias a los libros me sentí parte de la historia en continuidad.

Complejo aunque repetitivo, el “mísero montón de secretos” que dijera Malraux, ha necesitado mirarse y ser mirado, nombrarse y describirse hasta lo posible. Así desde el Edén hasta los entresijos urbanos donde el poder, el amor, la soledad, el horror, el misterio, los desamores y las guerras se imponen en la espiral de miedos, rivalidades y eternas preguntas enchufadas al nacimiento, la muerte, el más allá y el apetito de dioses. De ahí que con pausas de contemplación, hallazgos y silencio, el entorno anodido en el que crecí se iluminara gracias al portento de los libros.  

Lo leído y recordado fue uno y múltiple mientras aprendía a ver, pensar, medio entender y estar en el mundo.  Conocí la plenitud al acceder al secreto poder de los libros: río vertiginoso que se agitaba en mi interior mientras la mente creaba una realidad intangible, con reglas y poblaciones propias. Era inevitable hacerme de una identidad con la fusión de lo soñado, pensado, recordado y aprehendido. Antes de que yo misma me percatara de la síntesis de memoria, juicio, imaginación y lecturas fueron los otros quienes vieron con incomodidad sus efectos en mi manera de ser. Consideré meritorio ser diferente, aunque tiene sus costos. Por ser la fuente más caprichosa y anarquista de todo lo que sabemos y llamamos carácter, la memoria y sus nutrientes presidirían, de manera vitalicia, lo fundamental de mi existencia como ser de palabra.

Memorista y lectora desde pequeña, sería desde entonces la criatura rara en un medio sin bibliotecas, sin lectores, sin maestros de calidad, sin héroes ni grandes hazañas; es decir: una realidad anodina, característica de la cultura de los vencidos, en la que inclusive una sola librería, por pequeña que fuera, se antojaba marciano caído del cielo, casi como una mujer con curiosidad intelectual.

Aprendí de orientales y griegos que nadie escapa de su destino. Entre obstáculos sin cuento,  fui encontrado la manera de leer allí donde apenas se compraban periódicos y revistas populares. En tanto y la mía hallaba cauces distintos, la memoria colectiva era un añoso cordón que anudaba chismes de los murmuradores.  Mis ventanas imaginarias me permitían entrar y salir del mundo y de la vida de los otros gracias a que pude acceder  al sentido del viaje, tan poderoso al cultivar un lenguaje interior.

Más reposado aunque no menos enriquecedor, el río vertiginoso de las edades del furor trajo consigo nuevas y oportunas lecciones para asumirme viajera. Me reconozco en suelos más sólidos y experimentados. No más ansiedad ni urgencia de llegar a ninguna parte. No más creencia en el genio de la botella. Las ilusiones hallaron su lugar en la literatura por la literatura misma. El paso a paso de los días se ha igualado a la lectura reflexiva, a la conformidad del calendario, a cierta sabiduría no pedida, aunque recibida con gratitud porque ninguna de mis lecturas ha sido en vano. Tampoco mi memoria me ha traicionado en los momentos decisivos y con frecuencia pienso con alegría en el Quijote que vuelve  maltrecho y solo a su aldea después de la primera salida, cuando en su delirio sabe lo que sabe y así lo dice con toda seriedad a los mercaderes burlones: Yo se quién soy, y se que puedo ser…

Si algún elogio del libro pudiera hacer a estas alturas es eso: que es el instrumento para  decir lo mismo y de modos distintos, que no es poco cosa.  

Comment

Memoria y tatuajes en el alma

April 2, 2024 Martha Robles

Guerra civil en Líbano (1975-1990) Fotografía de internet. otracultura.com

1.

Líbano era un polvorín a consecuencia de la guerra civil y la ocupación siria. El sur del país estaba tomado por fuerzas palestinas  que realizaban infiltraciones clandestinas contra Israel. Procedente de Ankara, donde la familia de mi condiscípula en Holanda, Esin Tezer, me acogió en Turquía durante un mes como una de los suyos, al llegar al aeropuerto de Beirut vi que ni allí ni en el Hotel que él mismo me había reservado “por su hubiera algún contratiempo mientras regreso de Siria”, estaba esperándome mi amigo Hans: primeros indicios de la inestabilidad armada que me aguardaba. “Los accesos están cerrados y no es conveniente salir. Hay ataques por todas partes. Su taxi fue de los últimos vehículos que pudieron entrar a la zona…”, me informó el empleado al entregarme la llave. Hasta asomarme por la ventana de mi habitación, en un alto piso con vista al Mediterráneo, pensé que las barricadas entre cascajo, visibles en tan irregular geografía,  quizá no eran distintas a los cercos defensivos contra invasores que, desde los remotos hititas, han tenido en vilo al Medio Oriente.  

Nunca antes estuve cerca de un fuego cruzado. De camino al hotel me impresionaron los contrastes: era obvia su diversidad cultural, inclusive en la mezcla de lotes baldíos y edificios en construcción. Tal vez en los opuestos se imponía la pulsión de construir ante el impulso de muerte. Había basura amontonada contra bardas y esquinas ruinosas y muchos hombres que supuse árabes iban y venían en las calles campechanamente, comiendo panes rellenos o cubiertos de zaatar. Sin luz ni teléfono y entre cortes de agua, a ratos reinaba un silencio inquietante; de pronto, baterías de disparos. Cuando cesaban las balas o los bombardeos el oído seguía inventando estallidos.  A media noche el horizonte se iluminaba por las descargas y bajo el sol radiante se dejaban ver los caídos y nuevos despojos dispersos en la que fuera “la Suiza del Medio Oriente”.

La adrenalina subía/bajaba. Me sentí atrapada por el destino. Pensé en los trágicos, en Kafka, en Nietzsche, en Malraux…, en mi misma y en el sentido o sinsentido de la imposibilidad. Todo era extraño, muy extraño. Hacía poco había leído La tregua de Primo Levy, a propósito de la visita al campo de Monowitz, subalterno de Auschwitz, en Polonia. Afectada por sus descripciones, en aquella época me debatía entre la esperanza de lo posible y la confirmación del horror de que es capaz nuestra especie. Aunque con su imagen ya debilitada en la memoria, Oriana Fallaci brillaba aún en mi imaginación como logro que demostraba que ni la valentía ni el arrojo y mucho menos el talento era atributos masculinos, según aseguraban los prejuicios.  Era el tiempo en que nombres como el de ella y el de Yourcenar imponían la calidad de sus obras y su defensa de la vida sobre el sombrío listado de escritoras suicidas que dejaban en claro que para nosotras -mujeres sin un lugar propio-, no había cabida en la acción ni en el pensamiento; menos aún en la libertad ni en las letras.

Miraba armas en ristre, rostros masculinos cubiertos con el típico keffiyeh o con trapos sucios; hombres en tensión que oteaban en todas direcciones cuando no disparaban o comían. Lo que más me impresionaba, particularmente de los árabes, era su impúdica costumbre de rascarse los güevos, picarse los dientes, hacerse tocamientos obscenos o escarbarse los dedos de los pies, por no citar otros choques culturales, empezando por su desprecio a la mujer.  A veces algún empleado me llevaba dos o tres platillos tan deliciosos que pensé que en Líbano, como en México y en tantos países subdesarrollados y violentos, coexisten tiempos y realidades paralelas: aquí se mataban de manera inmisericorde y a poca distancia reinaban el lujo y rutinas inalteradas. Hoy mismo, muchos años después de aquella vivencia que me acompañará de por vida, la criminalidad en México arroja más número de muertos, feminicidios y desaparecidos que muchos enfrentamientos armados. Y es que, por donde se la vea, la realidad supera la ficción: de ahí la dificultad de escribir una gran novela, como demuestra la evidencia y la profusión de medianías que editoriales y autores se empeñan en publicar.

La zona se suponía a resguardo por considerarse turística, pero el odio desconoce límites. Quedé pues atrapada y alimentada en lo fundamental gracias al montón de dulces y frutos secos con que me despidieron en Turquía.  Gastaba horas leyendo, observando, escribiendo y esperando a Hans, confiada en su habilidad para resolver problemas. Mi idea del mundo y de la humanidad cambió radicalmente. Mantenía el ojo en alerta sobre la chispa en sordina de un disparo, un cohete o una ametralladora. No tardé en distinguir señales y cambios de luz. Divisaba vallas cercanas o distantes, al herido tumbado de cualquier modo con el arma al lado, sangre, piedras, más basura, gestos imprecisos y, más allá de la línea costera, el Mediterráneo soportando impávido agresiones desde hacía miles de años. En las pausas se recogían heridos y muertos, de preferencia sin camillas y de cualquier modo, para no caer abatidos.

Director de una organización internacional dedicada a mediar en conflictos armados y reubicar huérfanos de guerra, especialmente armenios, no he conocido inteligencia similar a la de Hans: de origen suizo/alemán, hablaba y leía unas 20 lenguas. Era tan culto como rápido en las cuestiones prácticas como en las filosóficas: un dialogante sin par.  No conocimos día sin disfrutar una maravillosa amistad, desde que coincidimos en las aulas holandesas. No dudé al aceptar su invitación para conocer, durante meses, su complejísimo trabajo en el Medio Oriente. Al concluir mis estudios, México no era una de mis opciones. El destino, sin embargo, tenía otros planes: observar tan de cerca el gesto que queda después de matar selló en mi mente la pregunta de qué es el hombre que tanto me sacude desde entonces. No me hice escéptica en Beirut porque llevaba camino andado en México: una feroz escuela de supervivencia; sin embargo, mi estancia en Líbano y la riqueza de lo aprendido fueron decisivas al consolidar mi pasión por Grecia, la Antigüedad y el Medio Oriente en general.

Con viajeros y residentes extranjeros atrapados como yo en hoteles y oficinas, los combatientes  se daban con todo, destruían a más no poder y de tanto en tanto se desplazaban a otra dirección no anunciada y regresaba la calma. A veces y por minutos, funcionaba el teléfono y mi amigo conseguía comunicarse. Confiábamos absolutamente en el otro y sabíamos que un saludo fugaz significaba que hacía todo a su alcance para rescatarme. Nunca desempaqué. Libro que leía, libro que regresaba a la maleta: había que estar lista para salir en cualquier momento. Después de no preocuparme por las noches ni los días, alguien tocó la puerta: era Hans. Sin cruzar palabra corrimos al coche con registro diplomático y sin dejar atrás el equipaje ni los frutos secos, respiré, respiré…  Condujo hasta su departamento, lejos de allí, situado en una colina que de un lado se entraba por un tercer piso y por atrás desde el sótano: peculiaridad que sería significativo por lo que nos aguardaba experimentar. Una guerra civil es tan irracional y perversa como la criminalidad. En ambos casos  se sabe cómo empiezan nunca como terminan ni con cuáles resultados nefastos.

Comment

Entrevistas ficticias

March 16, 2024 Martha Robles

Vila-Matas. La Vanguardia

Por una fuente de primera mano supe que al menos al publicar La muerte de Artemio Cruz, La región más transparente y Cambio de piel,  Carlos Fuentes escribía sus propias entrevistas y las distribuía a discreción con nombre falso. Agregaba mi informante, con la malicia  del testigo con algo de envidia, que el aún joven autoentrevistador era buen amigo de Fernando Benítez y tenía derecho de picaporte en la Revista Mexicana de Cultura del diario El Nacional, pero sobre todo en el popular suplemento México en la Cultura, inserto semanalmente de 1949 a 1961,  en el periódico Novedades. Acaso cierto, Fuentes era muy listo y no estaba desencaminado respecto del perfil que deseaba para sí, salvo por usar nombre ficticio del supuesto entrevistador: hubiera sido innovador firmar él mismo lo que tenía que decir porque sabía cómo hacerlo y no ignoraba que entre la improvisación y los lugares comunes de un género tan poco logrado en México es milagroso dar con quien investigue, tenga cultura,  buena pluma e imaginación, además de conocer la obra del interesado. De hecho, por sus habilidades sería de los pocos que podía elegir dialogantes, críticos y divulgadores de su obra, de preferencia extranjeros.

La anécdota me pareció más curiosa cuando una escritora tan respetable como Ulalume González de León, cuya obra conocía, me pidió firmar una larga autoentrevista, quizás para la revista Vuelta. Le recomendé mejor publicarla como “Ulalume por ella misma”, según la costumbre francesa (o “Ulalume como Alicia”, por su identificación con la de Carroll). Enfureció. Negarme a servir de presta nombre dio al traste con nuestra incipiente y de por si frágil amistad, iniciada al filo del declive de sus últimos años.

Como escritor, Carlos tenía buena estrella. Nunca como alrededor del medio siglo gozaron de buena salud y prosperidad la literatura y los autores mexicanos: teatro, crónica, poesía, novela, ensayo, traducciones… Pensamiento y ficción florecían a un ritmo esperanzador en “Nuestra América”, como Alfonso Reyes la gustaba llamar.  Con un Fuentes pujante, dispuesto a todo y empeñado en liderar “la nueva literatura latinoamericana”, como  escribiría a propósito del Boom, imperaba la Guerra Fría mientras nacían a puños los baby boomers  bajo la promesa de la movilidad social, derivada de la cultura del esfuerzo y del bienestar. Apenas se vendían ediciones de 2 mil ejemplares. La minoría de amantes del libro y del cine leía periódicos, revistas y suplementos que bajo el absoluto control gubernamental de la prensa y la distribución del papel, sobrevivían con bajísimos tirajes hasta casi el final del siglo.

De esa tradición llena de limitaciones pero con buenas cabezas descendemos las demás generaciones de escritores. Lejos de enriquecer sustancialmente el periodismo cultural, el género se ha empobrecido cuanto más conocimiento e idiomas tenemos a la mano en el México súper poblado.  No fluyen como entonces los vasos comunicantes entre el periodismo, las letras, el arte y el pensamiento. La multiplicación visible y casi escandalosa de “autores al calor de la estufa” que tanto han proliferado en el siglo XXI desdeña la aspiración de una gran cultura anhelada por los miembros del Ateneo de la Juventud en general y Alfonso Reyes y José Vasconcelos en particular.  Tal vez este empobrecimiento intelectual confirma que el talento, la creatividad y las individualidades no tienen que ver con la trillada democracia, sino con el reparto inexplicable y casi metafísico de dones que, eso sí, deben ser cultivados por quienes los reciben.

Como el Quijote, Fuentes pudo haberse dicho a sí mismo: Yo se quién soy. Decidido a cumplirlo, supo dónde estaba parado, qué hacer, cómo y entre quiénes moverse. Su biografía revela que diseñó los pasos a seguir para ser reconocido como el cosmopolita que fue. Lo pienso a propósito de las Ocho entrevistas inventadas de Enrique Vila-Matas, quien relata en El País que emprendió este ejercicio cuando joven y aún ignorante del inglés, pero formidable e imaginativo lector. En 1968 le encargaron la traducción de una entrevista a Marlon Brando y, a sus 20 de edad, se la inventó para no perder el trabajo. Nadie lo notó ni reclamó el fraude.  Lo demás sería la historia de este excelente escritor.

En esta suerte de metaperiodismo no veo grandes diferencias entre el Fuentes que finge un nombre para mostrar al sí mismo que desea ser reconocido y el Vila-Matas que “por necesidad” fantasea al otro, entreteje sus propias palabras, se va inventando a sí mismo reinventado al otro y, a fin de cuentas, prefigura en aquellas fakes las líneas originalísimas de su estilo, en el que fusiona ensayo y ficción para crear mundos alternativos.

El barcelonés tenía arrestos desde entonces. A la de Brando seguirían sin protestas otras fakes o entrevistas intervenidas a propósito de Nuréyev, Burgess, Castoriadis, Patricia Highsmith, Juan Antonio Bardem y Rovira Beleta. A “toro pasado”, ahora se aplaude a Vila-Matas.  Ante libro tan peculiar que sin duda leeré,  lectores como yo entendemos mejor la tentación de “recrear”, componer a medida e inclusive convertir en personajes a  personas que por casualidad se atraviesan en nuestro destino.

Inclinada a comparar, creo más difícil lograr una gran autoentrevista, como las de Fuentes,  que las inventadas de Vila-Matas.  En cualesquiera de los casos, sospecho que de la pregunta o premisa certera depende el acierto de la respuesta. En mi caso, con los que me gustaría dialogar (Sebald, Yourcenar, Schwob, Zambrano, Steiner, Calasso, Dinesen…) por desgracia están muertos.

Comment

Truman Capote, el siempre vivo

February 29, 2024 Martha Robles

Rebasaba apenas el metro y medio de estatura, pero ni el amaneramiento ni su voz aflautada le impidieron auto definirse en su último libro, Música para camaleones (1980), con estas palabras: “Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio”. Infaltable entre la beautiful people, sus delirios no tuvieron carta aborrecida hasta que sus ex amigas, “las cisnes”, lo condenaron al ostracismo.  Su declive fue tan lastimoso que quedó reducido a piltrafa. Alegó que era inevitable revelar el lado oculto de las celebrities, porque estaba en su naturaleza. Mojaba su pluma en lo más prohibido y dominaba con tal maestría el arte del chisme y la confesión que en cada página realizaba un strip-tease que superaba al anterior.

Se regodeaba a tal punto con la mordacidad, suavizada a veces con toques amables, que repetía como en una oración: “las palabras me han salvado de la tristeza”. Sin embargo y aunque nada apagó su talento ni lo condenó al olvido, la reacción de los agraviados, en la que no faltó un sonado suicidio, lo hundió en una depresión irremisible que empeoró fatalmente sus adicciones. De que era genial no cupo duda, y fue vanguardista en varios aspectos. Baste citar la creación, en 1966, del versátil y muy apreciado espacio literario entre lo verosímil, lo ficticio y lo real que él mismo etiquetó de non fiction, a propósito del éxito sin precedentes de A sangre fría: suerte de reportaje novelado, no/género o escritura inclasificable que, basado en el pavoroso asesinato de una familia en Kansas y la condena a muerte de los dos supuestos criminales,  enriqueció sustancialmente los modos de contar.

La non fiction es una de las invaluables aportaciones a las letras modernas, a condición de que los vasos comunicantes entre el relato, el ensayo, la crónica y/o el reportaje cobren su más alto sentido por la calidad de la prosa, como la de Capote.  Su estilo absorbió el espíritu de un siglo XX que se aventuró en los sesenta con lo novedoso y la rebeldía, la experimentación en el arte y las drogas, el orientalismo, el uso de la primera persona en la narrativa, las protestas masivas y la curiosidad por los lenguajes audiovisuales. En atención a las contradicciones inevitables, hay que reconocer que la época que proclamó con el hipismo “todo está permitido” no pudo zafarse del violento conservadurismo clasemediero que escondía sus debilidades.

Su pericia para escudriñar las vidas de los ricos y famosos se anticipó al lucrativo estallido de la prensa rosa. Por su cultura y gran estilo, dejó la vara muy alta a quienes todavía tratan de imitarlo. Equilibrista entre lo ficticio y lo verosímil, sus retratos eran feroces y de tal modo precisos que no necesitaba nombres reales para identificarlos. La materia prima con que se balanceaba entre el periodismo, la frivolidad y la literatura se convirtió, a nivel global y como salta a la vista en el llamado papel cuché o prensa del corazón, en oro molido unos años después de su muerte, ocurrida en 1982.  Nada había en el tiempo para que se diera otro Proust; sin embargo y a pesar del precio pagado por ello, Truman demostró que nada es más rentable ni apetitoso que el chisme, la indiscreción y el lado oscuro de las celebridades.

Adoraba ensalzarse a sí mismo tanto como ventilar al selecto club de los millonarios neoyorquinos. La vanidad le impidió prever que le harían pagar su indiscreción después de las primeras entregas a la prestigiosa revista Esquire que, según él, lo convertiría en el Marcel Proust americano con el proyecto Oraciones respondidas: “novela” inconclusa por obvias razones. Los capítulos reunidos fueron publicados póstumamente con este título tan sugerente -Answered Prayers-, primero en Inglaterra en 1986 y un año después en los Estados Unidos. Adelantado en la versatilidad anecdótica de lo que se tenía por proscrito, no creyó que los ociosos ricachones fueran tan intocables como los políticos.

Su protagonismo sustituyó durante varios años su fiebre escritural. Emperador de los mentideros donde fluían secretos y era de mal gusto hablar de dinero,  Capote cultivó una relación de amor/odio con miembros del jet set que en mayoría consideraba estúpidos. Colaborador regular del New Yorker, en los apuntes de su Autobiografía dijo: “preferiría ser amigo mío que enemigo”. Ahora, a propósito del centenario de su nacimiento, reaparece su fantasma en el mundillo del comadreo. La ocasión es idónea para divulgar la serie de Ryan Murphy, anunciada en HBO Max: Feud: Capote vs. The Swans, basada en el escandaloso artículo que, en 1965, a sus cincuenta de edad, publicó en Esquire, la revista considerada más prestigiosa de Occidente no solo por sus firmas y su diseño, sino por mantenerse desde su fundación, en 1933, en la cima del mejor periodismo.

“Quién que sea no es” diría Unamuno. Y el que es, lo es por su genio y figura. Nacido en 1924, Truman Capote era un carácter. Cuesta imaginar su aislamiento infantil en su Luisiana natal, cuando comenzó a recoger habladurías, cuentos, peculiaridades de sus vecinos y cuanto pidiera su apetito de ver y oír la vida de los otros. De pequeño acompañaba a la criada a las casas de los adinerados “para enterarse de todo”; a partir de ahí, todo sería historia. Mientras el pequeño Truman crecía al cuidado de parientes, William Faulkner, el otro prodigio sureño, recreaba los destinos sombríos que pululaban en la región como sombras “entre el ruido y la furia”: infortunios  asimilados como manera de ser después de la Gran Depresión de los años treinta. Distintos en lo esencial como escritores, cada uno es indispensable para entender la complejidad de un  Estados Unidos multicultural y agarrado al símbolo del dinero desde todas las perspectivas.

La biografía de Capote es fascinante. De manera temprana proclamó su talento y su homosexualidad. Se vanaglorió de haber sido portador de episodios oscuros en su carácter de gigoló y madre escucha.  Pese a considerarse un temprano y formidable lector, adoraba el glamour. Preguntaba a sus frívolos anfitriones por qué le contaban sus confidencias sabiendo que era escritor. Y los amigos/enemigos/amantes/cómplices  con los que un día navegaba en sus yates por la costa atlántica y entre semana gustaba comer frente al Hotel Regis, en La Côte Basque de la neoyorquina calle 55, donde esposas y amantes se reunían para ser envidiadas y darse a notar, más y peor se exhibían y estiraban la lengua creyendo ilusoriamente que sus confesiones eran más inviolables que sus cuentas bancarias.

Conmemorar centenarios es una excelente ocasión para recuperar encuentros felices con  lecturas y autores. En ese sentido (y pensando en que los eventos internacionales por la muerte de Kafka están a la vista), este 2024 avanza con una prometedora lista de nombres y obras que nos apartarán, siquiera por unos meses, del “ruido y la furia” que ha convertido a nuestro pobre país en un infierno.

Comment

Menopausia, el tsunami

February 13, 2024 Martha Robles

Imagen de Zenzual. De internet

Una tormenta de fuego, agua escurriendo de adentro afuera, noches de navegar entre sábanas, surtidores enrojecidos que, entre palpitaciones del útero y del corazón, aparecen/desaparecen a capricho y, a pesar de precauciones, dejan su huella de olor y sangre dónde y cuándo es más inoportuno. Surgen problemas antes inexistentes, como la inseguridad o miomas y secuelas subsecuentes. Temores y pensamientos inquietantes.  La ansiedad del tránsito y el no saber si con rayos y centellas se anuncia la asonada, el estallido inaugural del declive o la primera página del último capítulo vital. La menopausia, no obstante su poderosísima e inevitable realidad, ha representado y sigue representando la mayor negación de lo femenino, su repudio esencial y la palabra/baúl que recoge el sinfín de rechazos que, desde Eva, asocian lo femenino a la mancha y/o pecado original.

Para las avezadas no hay misterio, solo recomendaciones propias de la mente educada: calma y paciencia porque nada es eterno. La menopausia es un proceso para todas, aunque no todas lo experimentamos del mismo modo. Lo común y útil, sin embargo, es hacer con responsabilidad y buen ánimo lo demás: ejercicio, alimentación ordenada, sensatez, naturalidad cotidiana y consumo de lecturas y más lecturas confiables para no ser otra víctima de la ignorancia y del prejuicio. Evitar volverse rehenes del blablablá de medicuchos que atiborran de hormonas y medicamentos a las mujeres haciéndoles creer que sufren una enfermedad tan antisocial como psiquiátrica, sexual y a saber cuánto más.  Lo correcto es decir, de una vez por todas y en vista del incremento en los promedios de vida saludable, que a partir de los cuarenta o cincuenta de edad la mayoría  de adultas tiene aún décadas activas, agradables y lúcidas por delante. La menopáusica no es la bruja de la casa ni una desquiciada; tampoco candidata a la degradación ni a la feminidad espantable, a pesar de que a las más vulnerables se las persuade de su menorvalía, y lo peor: que son fácilmente sustituibles y sexualmente desechables.

Es tan poderosa la carga de rechazo sociocultural a la menopausia -como si la andropausia masculina no existiera- que encabeza una lista de sustantivos con frecuencia eludidos inclusive por feministas. Menopausia es la palabra inexistente en cuentos y novelas. La  que en privado se nombra en voz baja al oído para no ser notada. Con inteligencia o sin ella, es la hora de acceder a lo innombrable, al secreto femenino mejor guardado, a la estación en que, en contrapunto, unos hombres se miran en el espejo negro de Tezcatlipoca; otros se pitorrean, regalan abanicos y/o gustan de relatar anécdotas de sus tías, sus madres o sus abuelas “que pasaron por lo mismo”; algunos discurren trampas o hechicerías para evitar el “contagio” y dizque mantener su virilidad a buen seguro, a pesar de que cualquier mujer sabe cómo va declinando el vigor sexual de los hombres de manera gradual a partir de los cuarenta de edad: mucho antes de que el cuerpo femenino experimente sus propias transformaciones. En ese circo inabarcable no faltan, pues, los que emprenden la fuga domiciliaria a la caza de muchachas que nutran su fantasía de ser amantes maravillosos, expertos en artes amatorias, dotados con erecciones amaestradas y esculturales y tan joviales, seductores y atractivos que, hasta toparse con la menopausia de la pareja, no habían reparado en sus atributos masculinos ni en que “todavía tienen la vida por delante” y deben comerse el mundo a grandes trozos.

¡Cuánta estupidez, a fin de cuentas! Ya es hora de arrancar velos y máscaras a la obviedad. Vivir es el privilegio. Enturbiar la existencia con necedades es el verdadero pecado.

Fábula, cuento, prejuicio y superstición tan tremenda que hasta la propia literatura evita  nombrarla. Aunque la menstruación le llega a la niña de la noche a la mañana en medio de un baño de sangre, con más o menos disgusto se la recibe  como portal de la juventud por todos consagrada. Podemos estudiar obviedades del cuerpo humano, pero el síndrome de la Eva pecadora, asimilado como pesadilla, nos impide aceptar que la existencia está hecha de etapas biológicas naturales, como el tránsito de la infancia a la pubertad; de ésta a la adolescencia y a la juventud en sí; luego, la procreación y subsecuente madurez coronada por la menopausia/andropausia.  Con suerte, avanzar hacia una vejez saludable, con buen ánimo y disposición creativa hasta que quienes alcancen la senectud cultiven la sabiduría suficiente para entender que la vida es finita, la muerte inevitable y los ciclos condenados a repetirse de generación a generación.

¿A qué pues tanta máscara, repudio y pánico a la menopausia e inclusive a la menos nombrada andropausia? La realidad es lo que es.  Hombres y mujeres estamos sometidos a las mismas reglas de nacimiento y muerte; de ascenso y declive. Si de equidad es el desafío universal, no debemos menospreciar el valor del lenguaje para nombrar las cosas como son, los conceptos para aclarar y explicar, las situaciones como se desarrollan, las mentes como evolucionan y aun la conducta que no se oculta, por más que se intente  disfrazar, enredar o autoengañarse con el inútil propósito de hacer creer que lo aparente y la mentira van a transformar la poquedad de quienes no se atreven con la verdad.

Comment

El arte no paga facturas; el saber tampoco

February 1, 2024 Martha Robles

De la poesía escolar que canta en tarará la belleza del día al dibujo del niño que ilustra a papá y mamá con bolas y palitos, no hay trazo infantil que no ilumine la esperanza adulta de tener un artista en casa. Eso ocurre en abstracto, hasta que la criatura alcanza la edad de merecer y los padres le insisten al talento o pensante en ciernes que haga o estudie algo útil “que deje dinero”, porque el arte no paga facturas. Tampoco la cultura, cuyas obligaciones están bien para los demás o para distraerse gratis los fines de semana, gracias al trabajo no retribuido de los que creen que el arte y el conocimiento “habrán de salvarnos”. Y no se hable de la curiosidad intelectual… Eso si que es desgracia: “estudiar todo el día…, como si no tuviera otra cosa qué hacer”.  Si “les sale” un pariente picado del apetito de saber, del afán de investigar o con vocación científica el futuro se presenta en casa como amenaza o, de menos, una inmensa preocupación: “¿ya pensaste de qué vas a vivir? Está bien distraerte, mientras no tengas familia…”  

Aparte de los negocios de Carlos Slim, cuya riqueza imparable y por las causas que sean (otro tema con enigmas a resolver) lo sitúa entre los que superan el capital de muchísimos países, lo más lucrativo en nuestra sociedad es a todas luces lo ilícito, lo pecaminoso, lo fútil e insalubre, contaminante y cuanto pueda clasificarse de nefasto para el medio ambiente o para  la moral, la salud física y mental o el equilibro de la sociedad. Al respecto y gracias a la floreciente y privilegiada criminalidad, el erario ha pasado a un segundo plano de la codicia, aunque siempre será válida y actual la oración del vivales: ¡Diosito, diosito: no me mandes trabajo. Solo ponme donde hay! Y Diosito atiende la plegaria del Quinceuñas que con suerte y otro poco de ayuda asciende a los dorados niveles de la corrupción, donde la justicia pierde su nombre, reinan los sordos y ciegos e imperan alianzas que envidiarían los mismísimos capos juramentados.

Futbolistas aparte, la realidad ha puesto al narcotráfico y derivados sangrientos en el sagrario de la gloria bendita. Allí el dinero fluye como antes el agua.  Los requisitos para pertenecer al selecto club de los vicios  -drogas, armas, secuestros, amenazas y explotación sexual de personas, principalmente-, comienzan con la absoluta carencia de escrúpulos, capacidad de matar y disposición sin límites para atreverse con lo más bajo, donde nada queda capaz de dignificar lo humano. Por cientos o miles y de preferencia jóvenes acuden en pos del milagro garantizado por la Santa Muerte, pues a la voz que canta más vale morir joven y bien bailado que morir viejo, hambriento y jodido se hace valer la muy mexicana sentencia que asegura que la vida no vale nada.

El del músico, escritor, pintor, actor y creador en general, en contrapunto, es un destino idealizado por quienes todo ignoran sobre la rigurosa disciplina que exige su realización, además de tiempo y recursos materiales. Idealizado  solo a distancia como logro ajeno (huy, qué gran escritor Octavio Paz… o Juan Rulfo…), pero menospreciado como profesión y modo de vida que requiere ingresos suficientes, como las demás tareas. Al corroborar “la pura verdad”; es decir, que el arte no paga facturas, el intelectual (en su mejor acepción) entra de lleno al lado oscuro de la cultura, donde se “admira” a los más cultos, productivos, talentosos e inteligentes,  pero por necesarios que sean sus frutos no se paga o apenas se paga su trabajo; tampoco existen condiciones para que se desarrolle y respete como a otros profesionistas. Con tamaña cachiza se les piden conferencias, trabajos, publicaciones, cursos, asesorías y actividades gratis, como si fuera obligación del intelectual asumirse  franciscano.

Ser una sociedad enmascarada significa cultivar en connivencia una gran hipocresía. La máscara (o una de tantas) le sonríe en público a los logros culturales, pero el verdadero rostro abomina de ellos, se aparta del saber con gesto aburrido y no duda en mentir al  presumir que “es un gran lector”, adora la música, “le encanta el arte” y bla, bla, bla. El saber y la ignorancia, sin embargo, son tan inocultables como la riqueza y la pobreza. Desde mis primeras páginas y tareas públicas comencé a conocerle las tripas a esta terrible verdad: Ah, escritora… ¡qué bonito! Bonito, pues. El tiempo y la edad demuestran de lo que se trata tener una obra y el precio que hay que pagar.  Todo el arte, y el de las letras no es excepción, exige trabajar en solitario, estudio sin pausa y sin concesiones, entrega en varias disciplinas; escribir  sin horario y sin renunciar a la pasión de saber…

Hay periodos menos adversos que otros, quizá porque muy de vez en vez nos toca en suerte un gobierno menos agreste. Es decir, dispuesto a valorar la educación y la cultura para hacer de éste un mejor país, con mejores personas. Pero eso es rareza en nuestra historia. Lo obvio es corroborar cómo se ensancha y envilece ésta, una sociedad que no aprecia la obra del espíritu ni entiende que sin los frutos de la razón educada será imposible  aspirar a un mejor y más digno destino colectivo.

Comment

De la memoria. Bibliotecas

January 25, 2024 Martha Robles

¿Bibliotecas rurales?

Lo más parecido a una biblioteca que conocí en mi infancia fue en Chapala. Era un cuartito quizá con un par de docenas de obras infantiles que regentaba Paulita, cuidadora vitalicia de la casa de mi abuelo. La felicidad era llegar a la laguna el fin de semana y, de su mano, recoger en la huerta huevos de ganso, jugar a la sombra del guayabo y por la tarde “ir a la vuelta” al modestísimo espacio cerrado, cuya aspiración descascarada apenas se notaba en la fachada: “Biblioteca Pública”.  Más vivo quedaría el recuerdo de la lectura prometida  que la pobreza del mobiliario de palo que constaba de dos o tres sillitas, una mesa vieja y coja, como de  cocina de pueblo y algo parecido a anaquel donde Paulita reacomodaba amorosamente su acervo. Era inevitable inclinarme contra la pared porque la silla tambaleaba rechinando  como si coreara los cuentos que, sin nada que ver con autores clásicos o siquiera conocidos, aun asocio a mi deslumbramiento por  las palabras.

Desde parvulita hasta la preparatoria asistí a escuelas de monjas que carecían de biblioteca, fuera en mi Guadalajara natal o en la ciudad de México, donde llamaban biblioteca al salón de los castigos (junto a los baños) que por tener dos largas mesas rectangulares servía para otros menesteres. Con aparadores bajos y prácticamente vacíos, apenas había un puñado de títulos que recuerdo: Cazadores de Microbios, Médico de cuerpos y almas, Santa Teresita del Niño Jesús, el Catecismo de Ripalda  y poco más. Las clases de gimnasia también eran una vacilada, pero nos divertíamos. Concluía la secundaria cuando por primera vez nos llevaron a las alumnas a un teatro: Fuenteovejuna, en Bellas Artes. Magia pura, no dormí durante días. Tan impresionada estuve que a poco me atreví  a ir sola al entonces Teatro del Bosque para ver Luces de Bohemia con actores españoles. Entre resplandores valleinclanescos y el manejo del idioma supe que había vida más allá de lo conocido y que valía la pena atreverse con ella.

En adelante todo sería buscar, leer y más leer en solitario, incluido el hallazgo de la música. Mi fascinación por el arte fue tan absoluta que me apliqué a estudiar por mi cuenta, sin guía y de manera tan aleatoria como posible. Ningún profesor (a) trasmitía pasión por el saber.  Una escritora -viva aún- dizque nos enseñaba literatura en el colegio. Era tan sosa que, acreedora de premios años después, me hizo preguntarme el por qué y para qué de los intríngulis de la cultura y sus arbitrarios criterios de selección en el país: se  ningunea al que vale y se elogia con desmesura al menos amenazante. Gracias sin embargo al batiburrillo de sensaciones apretadas durante los años de aprendizaje fui asimilando el surrealismo con que nos identificaba el extranjero. Así, de manera natural me fui deslizando hacia a escritura. Gracias a que lo más insólito era parte de los días accedí al mundo de Kafka como quien camina por su barrio.

La etapa universitaria fue un viaje no siempre grato, salvo por los conciertos, el teatro y  la Biblioteca Central. Entre acoso de maestros, fervores pro Mao, devociones castristas, promesas de fe estalinistas e invitaciones a las guerrillas y a los levantamientos armados, la experiencia y los lenguajes  en corredores y aulas no podían ser más ajenos a las vicisitudes de la vida cotidiana.  Encerrada en sí misma, en la UNAM  no se diferenciaba entre realidad y ficción; tampoco entre fanatismo y “compromiso social”. Todo allá era cosa de vida o muerte, de revolución o  reacción e intolerancia pura.  En ámbito tan ideologizado y discriminador, la literatura no solo fue la verdadera liberación, sino maestra insustituible.  

Si no creyera en el destino no entendería mi pasado ni el de quienes parecen fruto de la casualidad. Es un misterio que un niño y en especial una niña sin influencias familiares ni escolares pueda romper el cerco del casi analfabetismo que la mayoría exhibe como estigma desde los días coloniales. Pese a los empujones de los “gobiernos de la Revolución”, no sorprenden los resultados del Informe Pisa: la verdad habla por sí misma en todas las clases sociales, en la burocracia y en la mayoría de las profesiones tal vez porque, en los hechos, la medida a alcanzar respecto de la educación ha sido y sigue siendo “lo básico”, a tono con el atraso. El prodigio es que un niño o una niña, aun en el villorrio más apartado, un día abre los ojos y ve; observa y busca, anda solo y, sin importarle las limitaciones de su escuela, atiende a su maestro interior.

Ignoro si México es más kafquiano que surrealista. Es asombroso que la sociedad se mueva y hasta funcione “a su manera”. La lógica en estas tierras no tiene sentido. Por doquier brinca lo absurdo o lo insólito. Imposible negar que, desde sor Juana, los milagros nos salvan. Hay país por los pequeños y grandes milagros que suceden cuando más aprieta la tormenta. Si no lo creen, piense en el caos del siglo XIX y luego en nuestro peculiar Levantamiento armado. ¿Cómo no iban a ser milagros la Generación del Ateneo, el puñado de instruidos en medio de casi 95% de analfabetismo y después lo demás: un Rulfo, Octavio Paz… Tantas inteligencias que como prodigio consiguen vencer el cerco y surgen de vez en vez.  Pienso en esto a propósito del 90 aniversario de Gabriel Zaid y de lo que representan las individualidades. Indudablemente, lo mejor de nuestra cultura se debe a las individualidades. ¿Quién y cómo se atrevería a negarlo?

Comment

Sobre las malas relaciones

January 12, 2024 Martha Robles

Imagen publicada por Forbes México

Si de parejas se trata, en condiciones de desigualdad es difícil mantener una relación confiable con el otro.  Mucho más complicado es sostener un vínculo sano con una sociedad poco seria y sometida a su deterioro visible. De por sí no es electivo el amor a una persona, mucho menos el que la une al país de origen. En sendos casos suele frecuentarse el fenómeno de las parejas disparejas que se soportan (o no) sin amarse. Al margen de por qué la gente se junta, el amor sucede porque sí, por el karma que dicen los orientales, por el destino según los griegos o por “el vago azar y las precisas leyes” de Borges. En suma:  el amor, como la vida, la enfermedad, el dolor y la muerte es lo que es porque sí, salvo que su natural fragilidad camina envuelta en numerosas reglas que debemos cumplir para no morir o sucumbir en el intento.

De antemano hay que aceptar que la primera norma de cualquier relación que merece su nombre exige observar lo básico: respeto, equidad, cuidado, re-conocimiento, diligencia y responsabilidad compartidos. Si una de las partes atenta contra el necesario equilibrio, todo se va al traste y deja tras de sí un desvalimiento que entristece, nos deja como vacíos, desconcertados y expuestos a la natural incertidumbre de las pérdidas. El mismo balance es indispensable entre gobernantes y gobernados para que cualquier sociedad mantenga  condiciones favorables.   

Lo que sucede entre dos no es distinto de lo que pasa con la comunidad, la cultura y/o el país, pues la confianza entre las partes fortalece la seguridad y mejora la autoestima individual o colectiva. Saberse menospreciado, engañado, burlado, insultado, agredido y/o utilizado es una de las mayores ofensas. No se de nadie ni de pueblo alguno que se fortalezca y sea mejor a punta de agravios.  Por desgracia aquí los aguantamos todos. Humillados, un día tras otro vemos cómo van cayendo a punta de ordenanzas tribales rescoldos del Poder Judicial, vestigios de la seguridad social, la Constitución misma, los recursos relacionados con la salud, la educación, la vivienda, la alimentación, la creación de empleos, el cuidado de la naturaleza, la cultura…, y lo que fuera logro siquiera mediano durante décadas de sumar avances a cuenta gotas para superar  la ancestral postración.

Imposible no reflexionar en ello mientras se degradan la credibilidad  y la pertenencia a un país desestructurado, de espaldas a la justicia y dócil ante la ferocidad de la violencia. Nos hemos adaptado a una realidad tan desquiciada y ya sin máscaras que ondeamos como pendón “de transformación” el complejo del vencido.  En circunstancia tan humillante no hallo cómo conservar la confianza (con-fe) en el indispensable vínculo entre gobernantes y gobernados, al margen de ideologías, facciones o lo que sea.

Las cuestiones amorosas no son simples; tampoco inofensivas: comprometen, alteran el estado de conformidad, activan necesidades desconocidas y en casos extremos, cuando encendidas por la pasión, suscitan reacciones radicales. La amistad, por su natural concordia, es el secreto antídoto contra cualquier estallido demoledor. Pero la amistad exige salud emocional: algo difícil en este estado de violencia permanente, en el que los crímenes y las infamias son tan cotidianas que ya ni conmueven.

El fanatismo y la intolerancia han viciado las razones de amor. Razones que podrían subsanar nuestra relación con este México golpeador y golpeado. Este México jalonado  por narcos y criminales terribles, facciosos, trepadores, serviles y acomodaticios. México enfermo, en suma, que no sabemos si nos duele más de lo que nos ofende o si nos intimida más de lo que podría incitarnos a despertar y recuperar la dignidad. ¿Cómo salvarse, pues, de las malas relaciones?

Comment

Del diario y la memoria

January 3, 2024 Martha Robles

BBC News…

Como las tapas de un libro observo las cifras del calendario. La vida sucede entre portada y contraportada. Llega otro principio. Otra vez comienzo el relato que pide dosis de ficción para tolerarse y ser verosímil.   Escritas con la irregularidad de la voz interior,  las páginas resguardan el aparente sentido de los días mediante el saber que damos por sentado.  Párrafo a párrafo se van infiltrando claves del yo secreto que subyace donde Freud y Lacan identificaron al “soy de verdad” y a “la verdad es movimiento”. Curioso pensar en esto al inaugurar otro año con lo desconocido por delante y asida, todavía, al relato del año ya concluido.

Tiene la culpa de lo recorrido desde el atrás oculto hasta lo desconocido por venir el psicoanalista que -administrador de silencios y narcisista irredento-, hace tiempo primero me atrapó en un diván/tortura; luego me hizo aceptar que estoy hecha de palabras más que de sucesos y, durante el estira y afloja de  aceptación, repudio y resistencias, confrontaciones, vueltas, revueltas y sacudidas de la memoria, del sueño, de la vigila y del sentir de preferencia doloroso,  algo muy hondo se abrió en algún confín del alma al grado de, sin más ni más y porque sí, haberme lanzado a recorrer diario en mano, sola y a pie, el camino de Santiago, desde el Pirineo hasta Finisterre.

¿Por qué decidí atreverme con la hazaña siniestra del psicoanálisis? No lo se, sería porque andaba como perdida y con miedo o tal vez para descifrar el deseo inconsciente y/o los vericuetos de la rebeldía, la ignorancia esencial y el sufrimiento. Quizás también me movió la pregunta sin resolver de ¿qué es el Hombre? Pregunta que invariablemente (y para su satisfacción) me llevaba a repetir con Malraux que “el Hombre es un mísero montón de secretos”. Puede ser también que reconocía su inmensa cultura y que, a diferencia de la mayor parte de los conocidos,  este argentino autor de numerosas obras tenía mucho que decir y sabía como hacerlo. Obviamente yo lo leía, pues el mayor conflicto que surgió entre nosotros -y así lo reclamé al “final por fin y esta vez no vuelvo”- es que, salvo una pregunta furtiva o un monosílabo, él jamás habló durante las sesiones. Si llegar al diván es difícil, salir no lo es menos, aunque dos o tres veces hui de él, de sus carísimas sesiones durante dos etapas y de esta peculiar relación que, en mi caso y empezando por el costo, llegó a ser tan pesada como los episodios de la historia revelada.

Coincidíamos en la idea del libro, en el libro en sí, en la significación del lenguaje, del arte, de los sueños y la creatividad, aunque nos separaban las respectivas interpretaciones sobre la palabra como representación de lo sagrado, el destino, la memoria, el poder de la claridad y las oscilaciones entre saber y no saber, entre inducir y descubrir, etc. A la fecha sigo creyendo que su método, al menos en mi caso, fue más nefasto que benéfico. En realidad, no lo se. Un día me concentré en hablar de mi certeza de que allí no hacía más que perder el tiempo. ¿El tiempo? ¿Perderlo? -repuso. Proximidad y distancia, pues, se tendía entre los dos: como el infaltable tema de la vida y de la muerte, del sentido y del sin sentido. Era indudable que compartíamos la fascinación por el conocimiento y  las letras al grado de que más de una vez lo tomó en cuenta en cuando menos dos de sus libros. Se ufanaba de haber estado al lado de los mejores y consideraba que sin poseer una gran cultura no se realizaba a cabalidad la práctica psicoanalítica. Cuando le leí lo siguiente, no dudé: solo con él me atrevería en el diván infernal:

(…) el analista deberá incluirse, informarse y sumergirse en la cultura de su tiempo, no dejar de lado la política,  la filosofía, la literatura, las artes plásticas, el cine, la economía política, la lingüística y entender que el psicoanálisis es el punto en donde confluyen todos los saberes relacionados con el sujeto y con la subjetividad. Por lo tanto deberá saber también de la medicina y de lo que se avanza en el conocimiento de la biología; del derecho y de la forma en que se organizan las sociedades políticas, de la tecnología que va cambiando la forma de vivir, de las artes y de todo lo humano (…)

Anoche leí su carta de despedida. Suelo hacerlo de vez en vez desde que se suicidó en su amada Barcelona, en septiembre de 2022. Tenía 81 años. Estaba enfermo. El diagnóstico era desolador. Vivía solo y no le temía a la muerte. Razonó  su decisión al despedirse de algunos cercanos: muestra final de su estilo. Viajero, al iniciar mi experiencia me indicó que -sustituto de sesiones en directo- le enviara diario un e-mail de un solo lado (el mío, claro). La escritura fue lo fundamental entre nosotros. Siempre le agradeceré el valor que asignó a mi carácter de escritora. Me hizo ver y verme en el aquí y ahora. En ese sentido, aún me conmueve ese gesto de inmensa generosidad. Durante una etapa importante para mí, la práctica del e-mail se convirtió en costumbre que ambos celebrábamos. En vez de los monosílabos que a veces emitía “en vivo”, cuando no recibía una de mis cartas me mandaba un signo de interrogación. De ello quedan cientos de cuartillas encuadernadas, cuya copia guardo en el anaquel de  los secretos o “lo nunca frecuentado”.

Cada año él mandaba cartas a sus afectos y colegas. Yo estaba en su lista y lo agradezco. Su suicidio me estremeció de punta a punta. Lo encontré en un concierto poco antes y en el saludo sentí la descarga del libro resguardado entre portada y contraportada. Muerto, comencé a pensarlo de otro modo. Lo leo con regularidad, ya sin el disgusto de la paciente-analizada. Hoy, otra vez y otra vez busco sus páginas. Lo descubro, lo pienso y me estremezco. Ya sin él, cada palabra suya es estilete. Otro signo de interrogación.

Comment

ADIÓS MARIO. ADIÓS BOOM

December 18, 2023 Martha Robles

Foto de Mario a sus 89 de edad, publicada en Internet s/a

El imperio de la Guerra Fría o bipolaridad comandada por dos potencias (URSS/USA) y sus respectivas ideologías invasoras y armadas -comunismo vs. Capitalismo-, engendraron en la segunda mitad del siglo pasado una temporada de esplendor y desprecio con sendas y expansivas posturas  y acciones  radicalizadas, en las que casi súbitamente lo imposible se hizo posible en medio de contradicciones: aunque limitadas, se movilizaron las clases medias en urbes de rápido crecimiento. Se entronizaron un mito revolucionario, una Sierra Maestra  emblemática y triunfo de los héroes de rigor, con su Fidel deificado e inspirador. A la par y muy ruidoso, se agregó lo demás al sueño/pesadilla de “nuestra América”, un término prefigurado, no obstante impreciso, al término del Porfiriato por ateneístas como Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes, Vasconcelos, Martín Luis Guzmán, etc.: un sueño que fuera de identidad y reconocimiento, quizá dormido en el inconsciente de grandes lectores que hacia los años sesenta serían los principales miembros del BOOM o estallido de obras y nombres de indudable originalidad y en lo fundamental, acreedores al entonces prestigiado Premio Seix Barral.  Además de fascinar por su estilo y sus temas, esta generación de narradores antepuso su fervor por la “patria espiritual del idioma” al prejuicio de los nacionalismos que paradójicamente dotaron de sentido a sus lenguajes, sus temas y sus  estilos.  Consideraron Patria a la palabra propia del mestizaje o a la apropiada que reinventaba el mundo y su manera de verlo y expresarlo. “Mundo nuevo” y "lenguaje nuevo”  que tras siglos de menosprecio los del BOOM dignificaban al través de las letras  y a la par encumbraban las culturas hispanoamericanas y del Caribe.

Un BOOM, como se sabe, inseparable del ascenso editorial -publicitado como “fenómeno literario”- de cinco o seis escritores latinoamericanos, portadores del “nuevo lenguaje” definido por el más precoz, arrojadizo, seductor y cosmopolita de todos sus miembros: Carlos Fuentes y en lo sucesivo  inseparable de las biografías de García Márquez, Vargas Llosa y en menor medida y con asegunes Cabrera Infante, Onetti y los que se iban sumando a las listas de protegés de Carmen Balcells, su agente literaria: verdadera madre coraje, guía y protectora de sus criaturas desde el apogeo cultural de Barcelona, donde “los de avanzada tenían que estar”.

Decisivos en el estallido fueron también la firma editorial española vanguardista Seix Barral, el antiimperialismo a vencer, el romanticismo de las izquierdas que en sus orígenes convirtió a los intelectuales en defensores internacionales de la Revolución Cubana: amasiato idílico que, salvo para el Gabo, terminaría pronto y mal a partir de las feroces ejecuciones a “los traidores de la Revolución” y posteriormente por la infamia del “Caso Padilla” que no dejaron duda sobre la brutalidad de régimen castrista…  Miembros o no del BOOM -salvo García Márquez- los aún identificados como intelectuales de los sesenta rompieron públicamente con la quimera del marxismo tropical, a consecuencia de los inequívocos síntomas de la pesadilla o dictadura castrista que, heredada, aún está lejos de acabar en el siglo XXI. La fábula del “intelectual comprometido” y la consagración de las guerrillas, sin embargo, fueron parte indivisa de la caracterología del BOOM, extendida a cuando menos a una o dos generaciones posteriores.

En el fenómeno intervinieron el masivo empuje juvenil contra gerontocracias, despotismos y dictaduras regionales. Hubo tres nombres tutelares de los miembros del BOOM e inspiradores del cambio, previamente publicados en nuestros países: Alejo Carpentier, Pablo Neruda y Jorge Luis Borges; un añadido inclasificable, pero imprescindible: Juan Rulfo y la única influencia extranjera reconocida por consenso, gracias al predominio de las traducciones, fundamentalmente argentinas: William Faulkner. No podría dejar de considerar al infaltable hermano mayor de los del BOOM: Julio Cortázar… Una a una y por su orden, brillaron desde España y asociadas al "estallido”  novelas, cuentos y ensayos que consagraron la literatura latinoamericana con rubros tales como lo barroco y real maravilloso a lo Carpentier y el realismo mágico como el de Cien años de soledad;  además, un género fantástico “en situación”, gracias al admirado liderazgo de Borges y Bioy Casares; y en la zaga narrativa, mujeres a cuentagotas: Victoria Ocampo, Silvina Ocampo y Elena Garro, aunque fueron apenas nombres sin ascender al Olimpo…

Tiempo de gorilatos y reivindicaciones tan decisivas como las corrientes importadas de los amados/odiados yanquis, en el obligadamente contradictorio  escenario de rigor, sin el cual no se entiende el fenómeno del BOOM, los extremismos se juntaron: desde el tercermundismo hasta el feminismo (todavía ajeno a LOS feminismos actuales); desde la psicología del voluntarismo y su complementario modelo del esfuerzo hasta la incorporación del “proletariado” a los vocabularios personales; desde el pacifismo (fundamentalmente anti guerra en Vietnam) hasta el sindicalismo y los movimientos rurales. etc.

Nunca como entonces el uso del adjetivo era imprescindible, al grado de sustituir a los adjetivos: por ejemplo, el socorrido empleo del calificativo ·reaccionario” como sinónimo de lo despreciable y el “enemigo a vencer” por “las fuerzas vivas”. Reaccionario era el defensor de “las otras orillas” o “derechas”, donde  sentaba sus reales la supremacía eclesial, burladora del supuesto laicismo que enorgullecía a los idealistas republicanos o liberales de tinte decimonónico; reaccionarios eran también banqueros y empresarios, protagonistas de la industrialización y líderes de las “principales” (aunque endemoniadamente endeudadas) economías latinanoamericanas.

Todo giraba alrededor  de la superpoblación de boomers, hijos de la posguerra mundial, cuyas demandas de infraestructura, empleos y servicios sobrepasaron a todos los estilos de gobernar.  Los curiosamente apodados boomers, protagonizaron a la par de los escritores su propia batalla generacional, que tendría en los dramáticos sucesos de 1968 el sello de su máxima expresión, causa del desencanto y principio del declive con las esperanzas perdidas. Lectores y entusiastas del BOOM, los boomers completan el fenómeno literario, pues según su origen social los jóvenes y sus demandas se dejaron sentir en las aulas superiores, en el activismo, entre las filas de lectores, durante las manifestaciones masivas y, en suma, en lo que se consideró “despertar de la conciencia”.

Como no podía ser de otra forma, pesaba en todos los ámbitos el escenario de rigor: ausencia de libertades y derechos, dictaduras militares, persecuciones, atraso ancestral, torturas, mordazas, machismo feroz, analfabetismo y mayorías en pobreza extrema, ausencia de oportunidades vitales, gobernantes espurios, supeditación regional al dominio  totalizador de Washington, entonces calificado de “dependencia”… En suma, la realidad creó el fenómeno del BOOM latinoamericano que ahora cierra en definitiva sus puertas con la despedida pública de la escritura del casi nonagenario Mario Vargas Llosa:  último sobreviviente del grupo que pone fin a una época, que cierera el capítulo de las ilusiones perdidas y fusiona a su senectud la  maravillosa y no menos fugaz creencia de que las letras pueden salvarnos, de que la inteligencia crítica es poderosa, que en verdad existen “intelectuales comprometidos”, que hay además nuevos mundos y nuevos lenguajes y, a fin de cuentas, que los sueños más nobles no están condenados a transformarse en pesadillas, como la Cuba de Fidel, que a tantos aturdió con tan poco, como las izquierdas que consiguieron hasta olvidarse de su nombre, de su rumbo y de su origen. En fin, Adiós Mario. Adiós cenizas del BOOM. Adiós tiempo de fantasías juveniles…

Comment

Otra vez vencidos: no leer, no contar…

December 7, 2023 Martha Robles

Proceso. AMLO desdeña resultados de prueba Pisa.

Detalles sin importancia para López Obrador: leer para conocer el mundo, la vida, a uno mismo y lo distinto y ajeno; hacer cuentas para entender la propia posición respecto de lo que resta, suma, divide y multiplica en la sociedad y entre los países; y luego el resto (música, teatro, ecología, ciencias…), que ni siquiera merece atención en el México dominado por la violencia y con miles y miles de asesinatos, desaparecidos y humillaciones que llevamos como señal en la frente. Eso es lo que hay en vez de formar personas dignas, respetuosas, solidarias, responsables y diestras en el desempeño de un trabajo que no solo redunde en salario justo, sino que ofrezca bienestar familiar equitativo y no privilegiado.

Al mirarse a sí mismo y reconocerse, todo pueblo ha prefigurado su modelo social, desde la noche de los tiempos. Me niego a creer que la violencia es el resultado del nuestro. Aún se habla de la egogé o tremenda disciplina espartana que, de los 7 a los 30 años, formaba a los hombres para la guerra bajo una disciplina estricta.  Por cerrada e intransigente, la egogé se volvió contra ellos y desaparecieron. A las niñas se las dejaba en el hogar a cargo de la madre, obligada a trasmitir las funciones femeninas complementarias. De Grecia a Roma, de Egipto a Alejandría o de India a Persia hubo modelos formativos de la identidad, la aspiración y el carácter cuyos resabios malos, buenos o regulares, perduran en sus fundamentos culturales.  Todavía son notorios esos saldos en los modos generales de ser y conducirse; es decir, se reconocen por quiénes y cómo son, a qué aspiran y cómo integran  (o no) sus sociedades.

Las poblaciones prehispánicas -los incas, por ejemplo- no se sustrajeron de esta necesidad de crear ideales, construcciones espléndidas y condiciones de orden, convivencia y desempeño social. De hecho y a pesar del feroz propósito colonial y católico de borrar todo indicio de costumbres y culturas locales, sabemos cuan rigurosa era la educación entre los aztecas tanto en el Calmecac, dedicado a formar a los nobles para el sacerdocio y los altos mandos como el Telpochcalli, reservado a los niños de clases inferiores.  Todos estudiaban escritura, matemáticas, lectura y el movimiento de los astros, seguramente entre un compendio de habilidades y oficios que aplicaban a partir de los 15 años de edad en sus calpulli o barrios que también imprimían carácter y deberes.

Cito lo anterior porque en una sociedad tan desestructurada como la mexicana actual, sin ideales cívicos ni modelos formativos ni aspiraciones ciudadanas consecuentes con un estado republicano, lo visible es el poder de la delincuencia armada para adueñarse de nuestro destino social y político. Agréguese lo demás: degradación de las instituciones, empoderamiento político, económico y social de las fuerzas armadas; resentimiento social, falta de oportunidades vitales, niveles educativos y sanitarios por los suelos,  el derecho a la salud tan abandonado como el cuidado del medio ambiente, la salud y la protección infantil y, en suma,  la inexistencia de un estado de derecho cuyo deber priorice el bienestar y la seguridad de las personas, sin distingo de clase, edad, sexo o situación general.

Que no comprendan los textos los escolares ni sepan rudimentos aritméticos confirma las deficiencias tanto de la enseñanza como de la sociedad. La situación de los adultos, en mayoría, tampoco está para presumir. Todo ha ido a peor en el gobierno vigente porque antepone el repudio a la inteligencia educada, el resentimiento social a la equidad y el desprecio al rigor educativo y al pensamiento crítico. Impedir el fomento de  ciencias y artes para encumbrar la propaganda es una infamia. Cualquier autocracia es indigna por naturaleza. Pero en eso estamos.

Los bajísimos resultados nacionales, arrojados por el último informe PISA, por supuesto que importan: son espejo de la situación que guarda la enseñanza local y medida de la realidad comparada con otros países. Decir que no importan los supuestos criterios “neoliberales” es tan inaceptable como amañado e irresponsable. Para nadie, nunca, ser ignorante y marginado puede ser motivo de orgullo. Tampoco se pueden ni deben confundir la obviedad con el cinismo  ni la mentira y la manipulación con el arte de gobernar.  Eso de “divide y vencerás” que tanto Julio César como Napoleón aplicaron como técnica de dominio es lo más antidemocrático y peligroso que puede existir en el siglo XXI. Se aplica en Nicaragua, en Venezuela, en Cuba, en México… y en montones de países atrasados, cuyo dirigentes, para afianzar su autocracia, rompen las estructuras institucionales, fomentan el resentimiento social, anulan a los opositores y entre laberintos verbales crean una oratoria basada en la demagogia, en la sin razón y en la cínica autocomplacencia.

El odio en boca de la clase gobernante también se manifiesta al prescindir de los altos valores formativos de la sociedad; valores democratizadores que a toda costa debe defender el Estado. Pues ¿qué otra cosa se propone un modelo educativo que lograr mejores personas?  No hay cómo ponderar como provecho social y político algo tan bajo como ser rehénes de la delincuencia organizada y víctimas de la injusticia, de la desiigualdad social, de la ínfima educación de las mayorías, de la inseguridad y de la falta de garantías vitales. ¿Cuándo, cómo ocurrirá el milagro del despertar? No olvidar que la pandemia fue mundial. No hay excusas.

Comment

Raro, ¿no? Eso de ser  mujer por estos rumbos

December 1, 2023 Martha Robles

Equidad de género. Foto de El universal Puebla

Con asombro creciente, todos los días corroboro que “eso de ser mujer” se ha puesto de moda. ¡Qué curioso y qué barbaridad! No para todas, claro está, porque así de caprichosa es la vida: ciega para unas, generosa con las anodinas, grosera con las adelantadas, mezquina con las vanguardistas, cruel con las desobedientes, agradecida con las dóciles, desdeñosa con las amorosas, indiferente con las creativas, desorientada frente el talento, errática con las pensantes, cautelosa con las masculinizadas, en estado de alerta con las que ignoran distancias entre la singularidad y el espíritu de la tribu, abusiva con las que cargan el mundo en el lomo; insaciable con las generosas, pedigüeña con las bondadosas, tacaña con las necesitadas, dura con las rebeldes y diferentes; sonriente con las que disfrutan el sexo, temerosa de la belleza y de la indulgencia; agradecida con las cocineras, pero invisible con las que cuidan, barren y limpian la mugre ajena; frívola con las glamorosas, cruel con las viejas y solitarias, convenenciera con las que tienen gordas las alcancías y limadas las quince uñas; acomodaticia con las trepadoras, con las solícitas y enmascaradas que “no tienen carta  aborrecida”, con las “tan bien dispuestas que igual sirven para un barrido que para un trapeado”, con las que no ven el ojo en la paja ajena porque todo vale y “todo está bien, todo está bien… y mejor si sacamos provecho”.

Hablando de categorías, no está de más recordar que hasta la propia vida teme a las brujas desde tiempos inmemoriales. Brujas diestras en el dominio de voluntades, parientas de la gorgona Medusa y administradoras del miedo que paraliza. A veces también la vida -arbitraria como ha sido y seguirá siendo-  manda a arpías a gobernar, de preferencia a algún paisito bananero -como Nicaragua-, donde las fantasías revolucionarias adormecen a los pobladores y, sin chistar, quedan impávidos cuando atrapados por lo real. Entonces reina la pesadilla con su puño de hierro y como en el cuento de nunca acabar, otra vez  hay que volver a empezar.

Pues si: la vida es la vida para todos, ¡faltaba más! Pero eso de repartir “lo que toca” bajo el criterio de cuotas de género es cosa que no acabo de comprender ni aceptar. Es más: me incomodan los repartos absurdos de beneficios al tanto por ciento para hacerse de puestos, candidaturas, dizque derechos que no son tales y sabe dios cuántas falacias por las que todos salimos perdiendo. Solo los tontos aplauden esta  manera de danzar hacia atrás creyendo que van a zancadas hacia adelante.  Cuentos, puros cuentos espanta bobos y distractores porque si algo está devaluado en medios atarantados y aplaude/ídolos es la aptitud de pensar, la urgencia de cuestionarse y dudar. La simulación de equidad, especialmente obvia en estos imperios de puritita desigualdad, nos ha llevado a repudiar la justicia porque, al deformarla, la hipocresía hace aparecer el engaño como virtud. Equidad agreste es lo que hay en estas modalidades mentirosas de género, en las que manipuladores y manipulados aportan sus respectivos engaños para convencerse y convencer de que, al modo de los augurios, nos llueven los logros.

Es innegable que lo que no falla ni se malogra es la versátil capacidad de discurrir artificios para legitimar la inequidad más primitiva, empezando por la pobreza en todos los niveles donde escasean o no hay ingresos para subsistir dignamente, la educación, la salud, el respeto, etc.: rubros que nos sitúan a las mujeres en el eje de la impotencia, del sufrimiento y de la imposibilidad de modificar un arraigado estado de sujeción que nada tiene que ver con la clase social porque si algo es verdaderamente democrático es la injusticia. Mejor legitimar el simulacro de equidad mediante el poder absoluto de unos y la conformidad de los otros.  Así que, en lo que a mi respecta, desde que los numerosos y cada vez más laberínticos feminismos esgrimieron por todo lo alto nuevos modelos de ser mujer o de lo femenino “al gusto, para toda ocasión y mejor a dosis de furia”, me he quedado en la mismísima situación de desventaja de antes, salvo que en pasmo, en vilo, sin piso, sin el lenguaje compartido que fluye con naturalidad desde que la palabra habla y dice algo…  

Me he quedado colgada del surrealismo sin que mi marginación habitual y la de millones de mexicanas haya percibido la noble intervención de la justicia y el acceso a las oportunidades vitales, conforme al derecho ciudadano en sociedades libres y democráticas. Así que -mujer de poca fe- eso de la equidad por cuota me causa tal escozor que me mantiene fiel a la dirección liberadora del revés, mientras la muchedumbre aborregada aplaude el disimulo creyendo de veras que sus oraciones han sido atendidas.

Me disgusta atestiguar que la cultura enmascarada no es una expresión cualquiera, sino intimidante seña de identidad, estigma o condena heredada por nuestros mañosos y taimados antepasados. ¿Logros feministas? ¿Y especialmente en política? ¿En lo cultural?  ¿En los procesos electorales? ¡Bah!  que los jefes de la tribu sigan administrando “cuotas de equidad de género” para arrimar  obedientes, oportunistas, anodinas, cómodas y/o supeditadas a la Ley del único/uno en la burocracia y donde resulte; yo, solo me azoro. Así las cosas.  

Comment

Veleidad de los premios

November 11, 2023 Martha Robles

Editorial Planeta

Salvo excepciones honrosas como las del Goncourt, que cuenta con nombres como Simone de Beauvoir, Duhamel, Proust, Malraux, Julien Gracq, Pascal Quignard y muchos incuestionables por su calidad, sus aportes o sus ideas, hay que fijarse en los que reciben  premios y distinciones literarios para conocer los estándares de quienes los  otorgan y la temperatura de los tiempos.

Obviamente hay de termómetros a termómetros. El arte, la originalidad, el vanguardismo, el hallazgo, el pensamiento crítico y la significación de las obras han sido en mayoría  desplazados por la comercialización impuesta por agresivas  campañas de promoción discrecional de autores, títulos y contenidos calificados de “populares”.

A los consorcios del libro solo importan el lucro y las ventas encabezadas por novelas, que deben ser “ligeras”, rápidas, efímeras y de preferencia escritas con mano de palo o, en su defecto, como de cursitos de redacción o producto de los ahora apreciados “talleres”, para sacar de la manga a poetas, narradores y sabe Dios cuánta cosa carente de formación, de disciplina, talento y curiosidad intelectual. Ni siquiera se necesita estudiar gramática, sintaxis ni preceptiva; tampoco se requiere ser un verdadero lector: no vaya a ser que a los compradores de libros se les obligue a “entender” cualquier texto arriba del lugar común. Así que, como recomiendan los bobos: “hay que bajar de nivel” para entretener con “libros entretenidos” porque todos, todos, todos tenemos una historia que contar, aunque solo unos cuantos sepan cómo hacerlo.

Por extraño que parezca, se conserva el encabezado de literatura para aglutinar y lanzar al mercado la no/literatura.  El noble y necesario arte de las letras o de la palabra, que recrea reinventado nuestra humana condición, ha sido inclementemente machucado y menospreciado por los monopolios y, con ellos, por los que escriben (que no escritores de raza), los que venden y por el batallón de consumidores/”lectores”. La nueva y portentosa cofradía de súper ventas, por consiguiente, se ha constituido en eficaz instrumento para estandarizar al hombre o mujer/masa: igualar hacia abajo, para que nadie se salga de la tribu.

Es odioso asociar al pasado con el prejuicio de “los mejores tiempos”. Ciertamente el arte, la cultura de calidad, el vanguardismo y cuanto se refiere al talento han sido pasión, tarea, nutriente  y sustento de minorías. Es también minoritario el puntal de los grandes cambios que de modos distintos redundan en favor de los más que vienen atrás y, aunque con frecuencia a cuenta gotas, se benefician con sus aportes, mediante el ascenso de la cultura y la educación general. Pero esa es otra cuestión, porque cuando el prestigio de las que se tenían por mejores editoriales se apoyaba en el de sus autores y entre editor y escritor había reconocimiento y mutua protección. Ganaban así las grandes obras y el ascenso cultural de las generaciones. La figura clásica del editor, a la manera de Roberto Calasso, Italo Calvino, Maxwell Perkins o del famoso argentino Manuel Gleizer, es otra de las especies en extinción. Hoy abundan empleados en megaempresas que lo mismo podrían vender sillas que elegir y contratar títulos y autores.

La condición es una misma: cuanto más anodina, superficial y empeñada en anular “la dificultad de pensar”, la medianía está más próxima a valorarse por popular y  “éxito de ventas”.  Y qué mejor medida del estado general de la educación y de las aspiraciones impuestas por la publicidad y el monetarismo que la dizque literatura espetada por todos los medios posibles, empezando por las redes sociales. Luego, en los montones de títulos y autores de medio pelo con que nos reciben en librerías con la fajilla de “premiados”.

Si se considera que desde el estallido emocional del romanticismo y aun desde antes y hasta la actualidad la novela ha sido un “fenómeno” de lectura esencialmente femenino, hay que pensar cómo repercute en el nivel general de la población. Aunque nos invade un boom de escritoras, tradicionalmente la literatura la escribían los hombres para ser leída por mayoría de mujeres típicamente clasemedieras y preferentemente de mediana edad para adelante.  Respecto de la cultura y del gusto “literario”, por consiguiente, podemos asegurar que así como la mujer es el eje reproductor de la miseria, también lo es de la educación sentimental, intelectual y social de su entorno.

Esto viene a cuento porque la prensa, radio, tv y redes sociales en España arden en burlas, reproches y comentarios nada amables, a propósito  del reciente  y muy jugoso Premio Planeta (un millón de euros) otorgado a una animadora de la televisión, por su novela (o lo que sea) La hija de la criada. Si fueran piedras las opiniones contra Sonsoles Onega, ya la habrían lapidado. No es que haya una comunidad de escritores de verdad y defensores y amantes de la literatura, es que, como ya repiten, los de la popular Editorial Planeta se preocupan siquiera en cubrir las apariencias.

Así están las cosas. No tiene por qué sorprendernos. Donde hay libertad, que cada quien elija lo que puede o lo que quiere, pues nada más lejos del espectáculo y sus vicisitudes que el mundo del verdadero escritor, del pensador, del artista. Para quien lo sepa, siempre estará Petrarca para recordarlo.

Comment

Acapulco, la puntiilla

October 31, 2023 Martha Robles

Imagen de Carmen Aristegui noticias. Aportación de la alcaldesa de Acapulco a la cultura universal: “el pillaje es cohesión social”

Ya es demasiado. La sociedad debe despertar. Duele profundamente México. Duele el bajísimo nivel de conciencia, de educación, de honradez, de lucidez y autoestima aupado a la indignidad, la ignorancia, la ilegalidad y la bajeza. Duelen el miedo y la inseguridad, el descaro con el que los funcionarios cobran su cuota por cada ladrillo y metro cuadrado que se construye o se pretende construir. Duele el cinismo de los coludidos con narcos y otros criminales y más ofende la inaudita cifra cotidiana y acumulada de asesinatos, descuartizados, desaparecidos... Ofende y preocupa el poder cedido a los militares. Desgarra el dolor de las madres que escarban en busca de cadáveres, del polvo de sus hijos amados o del  vestigio que les permita llorarlos. Lacera el abandono de enfermos y viejos, de niños sin acceso a medicamentos, de padres que saben lo que es vivir  sin derechos en un país que maltrata y ultraja, un país que honra más a los muertos que a los vivos.

Duele la ironía de Ibargüengoitia al titular acertadamente su novela con el encabezado nacional: En este pueblo no hay ladrones. Duele que no haya autoridad ni instancia para llamar a cuentas, para exigir, sancionar y obligar “a quien corresponda” a actuar con decencia y responsabilidad. Hiere el disimulo, la cobardía, la canalla ruín y despreciable que se exhibe con aires triunfalistas. Pesa el ancestral y aparente enojo del taimado que abusa, encubre, promete la gloria y aplica el infierno, mientras mantiene el ojo en alerta  y la lengua suelta para criticar y disminuir al otro.  Nada más repugnante que un taimado que engaña, simula y recibe  sin dar nada a cambio.

Una cosa es el azote de la naturaleza y otra el caos gubernamental y la complicidad popular con quienes nos avergüenzan. Y sobre la vergüenza, la jactancia y el descaro a sabiendas de que “el pueblo”, como en los días coloniales, se agacha, aprovecha lo que puede y se congratula por haber elegido al verdugo.  Pasó el ciclón y arrasó con Acapulco para dejar al desnudo la pura verdad; Verdad que los farsantes empoderados ya ni se preocupaban en ocultar.  Verdad que tiene sin cuidado al Gobierno porque ya se sabe que las desgracias “caen como anillo al dedo” a la farsa electoral. ¿Qué hacer con tanta verdad? Ante las ruinas, la verdad: estamos sobrepasados por un autócrata que no oculta su complejo de inferioridad.  

Gracias a la definición  de ojete de Arturo González Cosío, todo se explica a condición de atender el tránsito psicosocial del vencido que él conoció a profundidad: todo comienza con el  taimado histórico que se hace con el poder y asciende al mexicanísimo ojete; ojete que gracias a la acuciosa explicación complementaria de Vilma, hija no menos brillante de Arturo, adquiere sentido porque en lo fundamental el ojete  es un cobarde y un canalla que miente, engaña, traiciona usa a los demás y solo obedece a sus intereses personales. Cuando persigue el poder, el ojete promete que bajo su mandato todo va a cambiar para bien. Que todo será diferente a la porquería del pasado y, ahora si, va a abolir desde la raíz tanta corrupción, etc.  Para el ojete ha llegado la hora de la redención esperada… Hora que, para el resto de la población, es la pura verdad, como la de “ya saben quién”.

En esencia, la definición corresponde a un carácter multifacético y por todos conocido, pero tolerado no obstante su sello nefasto. Si solía enmascararse, al menos ante los ingenuos, el poder absoluto lo ha llevado exhibirse a cielo abierto para simular, denigrar, traicionar, acabar con las instituciones, columpiarse en la propaganda, embarrar a quienes no lo adulan e imponer uno de los peores -o el peor- gobierno del México moderno y contemporáneo.  

Pensador por desgracia olvidado en esta circunstancia turbulenta, Arturo González Cosío fue un estudioso, como pocos ha habido, del hueso de nuestra complejísima sociedad desestructurada.  De hecho, a él debemos el término “sociedad desestructurada”, cuyas peculiaridades han conseguido dominarnos. Harto de políticos que prometían la gloria y saqueaban y abusaban lo que podían y de ojetes que pedían favores y pagaban con traiciones, González Cosío agregó a la aún incipiente sociología del mexicano revelaciones (¡lástima que no las publicó!) tan imprescindibles como oportunas para entender el trasfondo del descenso nacional.

Su acierto fundamental, en relación con la sociología del ojete y por extensión del mexicano (como gustaba decir), fue haber señalado que “todo en la historia del Estado mexicano, permea de arriba abajo”.  Esto significa que si el de arriba es un ojete, los de abajo también lo son por imitación y complicidad. “El estilo personal de gobernar”, que por su parte examinara  Daniel Cosío Villegas, es mucho más que impostura y dominio personalizado porque su gravedad estaría incompleta sin la perspectiva de González Cosío, que me ha recordado Vilma: todo permea de arriba abajo en el Estado mexicano… Si tal imposibilidad para la democracia sucede en una sociedad tan desestructurada como ésta, por si mismo habla la consecuencia  imperante: el sello MORENA; sello nefando porque, correlativo al “estilo personal de gobernar” y al estigma histórico de que todo permea de arriba abajo,  ha conseguido igualarnos en masa hacia abajo. Agréguese, para colmo, la manipulación oficial para  desacreditar cualquier empeño minoritario por conseguir que lo bueno, razonable, constitucional, institucional, conveniente y necesario invierta la tendencia de permear y en vez de arriba abajo una mejor educación consiga contrarrestar la concentración del poder y democratizarlo de abajo arriba. Solo así se podrá modificar la costumbre del poder y el orden social.

Es innegable que la taimada y canalla maquinaria morenista, fortalecida a costa del erario, nos ha impedido invertir este tremendo estigma.  Si bien lo arrastramos desde el siglo XIX, con el de por si chabacano lópezobradorismo se ha alcanzado el punto más alto de desestructuración social. Si lo que se permea desde arriba es la canallada no es de extrañar que abajo se potencie el pillaje y la indignidad en todas sus expresiones. Sin que nadie lo hubiera imagínado, porque así son las jugadas del destino, de ahora en adelante tendremos a Acapulco en la cima de la desestructuración social.

Comment

COVID. Pasos en la azotea y confesión obligada

October 10, 2023 Martha Robles

Coronavirus

Cada quien vive la enfermedad a su manera. Y cada enfermedad tiene su lenguaje y sus reglas, igual que las edades, la compasión, el dolor y/o el amor, la idea de la muerte o las dudas sobre lo fundamental y lo secundario. Para mí el COVID  fue largo, solitario y extraño: un pozo que por sabe Dios cuáles sedimentos inconscientes asocié al Círculo I del Infierno. Dante sobrevaloró el Bautismo al reservar ese inexplicable limbo para mentes “virtuosas” o “paganos” tan luminosos como Homero, Hipócrates o Aristóteles: ejemplos de quienes, tras la vida breve, harían soportable la eternidad que -nos dicen- sigue a la muerte.

Inesperado y totalizador, este bicho indómito al que le gusta fortalecerse en mi cuerpo con cada vacuna me enseñó que “la vida está en otra parte”, y que apenas se limita a espetarnos  la humildad del instante. Significó la imposibilidad de leer y escribir; renunciar a mi afinidad con “Funes el memorioso”; perder los olores cambiantes del mundo; reconocer que la fragilidad del cuerpo es como las marionetas gastadas por tanto representar escenas grotescas de la existencia; respirar como la mayor de las hazañas; preguntar -si alguno-  por el sentido del vacío; imaginar en fragmentos los siete años de Hugo Mújica en un monasterio trapense y dar vueltas a la hondura de que es capaz el silencio. Confirmé cuán endeble es la frontera entre la razón y la sinrazón y sin proponérmelo descubrí que, tras la densa nebulosa de la enfermedad, existe un tipo infrecuente de lucidez para  percibir, en toda su plenitud,  lo no visible, la verdad enmascarada y lo que ni siquiera sospechamos en estado de vigilia.

Lo que se dice pensar la muerte no deja de ser extraño y no se si infructuoso; digo pensarla cuando se intuye el aleteo de algún zopilote furtivo y en algún momento el estado nos “regresa” al espacio de los saberes olvidados: el final del libro de los ayeres.  Sin autocomplacencia ni lamentos ociosos entendí que vivimos como podemos, no como queremos. Es inútil -y en realidad absurdo- lamentarse por lo no realizado ni recibido en nombre de los merecimientos imaginarios, que nunca faltan y siempre sobran. También el arrepentimiento se queda tan fuera de lugar como la íntima vergüenza por haber permitido ser subyugados y mal tratados, alguna vez, por un pobre diablo  abusador y autoritario. Lo que es, es como es. Así, nada más. No hay más.

De eso se trata estar vivos: de estar impulsados cada minuto por lo mejor de nosotros mismos, aunque lo alcanzado quede por debajo de las propias expectativas. Éstas, con frecuencia, son absolutamente irreales; tan ajenas a lo posible y probable como mi remota y por fortuna abandonada a tiempo fantasía de escribir algo a la altura de mis sabios y artistas más entrañables. Más pronto que tarde reconocemos que la lista de los deseos es  abultada y flaca la capacidad personal de alcanzar y con suerte superar a nuestros mayores. Esa distancia entre haber logrado ser tan poca cosa y anhelado lo idealizado se cubre con lo cumplido con creces: amar y ser útiles a los demás; trabajar con entusiasmo; escribir y leer sin pausa; disfrutar cuanto gratifica a la mente y los cinco sentidos; reír, reír o de menos sonreír, de preferencia en buena compañía, lo que tampoco es tan usual.

Pues mi libro de los ayeres dejó en claro algunas líneas generales en lo que respecta a mi historia como escritora: haber trabajado sin paga ni recompensa la mayor parte de mi vida, sin discriminar, sin reconocimiento, con alegría y sin reservas. Comprobar cómo, con tamaña cachiza, varios y varias se han echado a saco sobre mis ideas y mis páginas quizá porque ni he pertenecido a cofradía alguna, ni he cultivado ni procurado los elogios que tanto y de manera tan obvia e infantil persiguen algunos mi alrededor.  Tampoco he creído jamás en la “pequeña eternidad personal” que en realidad se reduce a los efímeros cinco minutos de fama o supuestos aplausos.  

La enfermedad, pues, es una de las estaciones definitivas de nuestra biografía. Entramos en ella de un modo y salimos de otro, mejor o peor, pero distinto. A algunos nos enseña de lo que se trata la resistencia y la feliz sensación de inmortalidad durante la infancia; a otros, de manera esporádica y definitiva, les representa un golpe intolerable que aprovechan para abusar, maltratar y ensañarse contra los que lo rodean y lo sirven.  De la variedad de ejemplos, solo se puede extraer una sola verdad: al envejecer, ”la fantasía punitiva”  se manifiesta en toda su significación y se constituye en la gran prueba del carácter, de la madurez, de la calidad espiritual y de la actitud ante la vida propia y la de los demás.

Recuerdo haber leído con los ojos bien abiertos La enfermedad y sus metáforas, de Susan Sontag. Talentosísima, fuera de serie y siempre echada palante, Susan dio muchas vueltas por el laberinto que calificó de “fantasías punitivas”, aunque en sus exploraciones casi ilimitadas menospreció a  los fantasmas que cobran vida y golpean cuando más débiles e indefensos nos encontramos. Yo por eso titularía su libro “La enfermedad y sus fantasmas”, porque fantasmagóricas y no otra cosa son las sombras reanimadas por las fiebres que se manifiestan bajo los párpados para espetarnos, sin compasión, el saldo de nuestras vidas.

Comment

Página del diario. De sueños prestados

October 2, 2023 Martha Robles

Monumento a Jean Moulin en la Plaza de la República, en París.

El Quijote se me entregó como una revelación. No por sus andanzas, no. Lo que de él me caló hasta el hueso fue el efecto que causaron las novelas de caballería en Alonso Quijano: un lector refundido en una rutina sin gracia que aspiraba a mucho más que deleitarse con sueños prestados. Asimilado en el personaje que le permitió ser el otro idealizado, abandonó todo lo conocido y se atrevió con la gran aventura de su vida: zambullirse en cuerpo y alma en la ficción como hiciera en su hora el viejo pintor Wang-fo, para salvarse del feroz monarca. La diferencia es que el genial artista oriental, para asombro del verdugo y a la vista de la corte, desapareció en las aguas del lienzo recién pintado, mientras que Cervantes/Alonso/Quijano dio vida y mayor visibilidad al Quijote para mantenerlo actuante como personaje, historia y libro.

Cuando ni siquiera imaginaba que la vida tiene sus propios planes y que a querer o no hay que acatar el Dictado, mi fantasía del Quijote coincidió con el impreciso e infantil anhelo de realizar grandes hazañas: ir en pos del entonces publicitado Shangri-la; explorar a fondo la ciudad de El cuarteto de Alejandría, en particular la de Justine y de Clea; seguir las huellas de Lawrence y de Sir Richard Francis Burton; recorrer el trayecto de Alejandro de Macedonia; y de perdida siquiera cumplir un tramo, en los Himalaya, de la inaudita proeza de Alexandra David-Neel, mi heroína del momento… Repasada a distancia, no puede ser más conmovedora la fantasía de aquella lectora adolescente a la que le parecían tan infumables las discotecas y los autocinemas, como  deseables los imposibles. Era la edad en que, asediada por lo anodino, se sueña con ser “algo” allí donde el destino ignora fronteras, lenguas y calendario y la vida por venir se fusiona con naturalidad a lo infinito, como si la ejecución del deseo estuviera al alcance de la mano.

Así como hay muchachos marcados por un futbolista, un músico o un actor, en los años de formación el lector de raza absorbe a fondo a ciertos autores, un puñado de ideas y poesías, algunas ficciones y las infaltables biografías que, en conjunto, forman carácter. De esa irrepetible edad-esponja data mi deslumbramiento -vigente aún- de las Antimemorias del gran Malraux, inventor de si mismo no porque fuera un gran mitómano, que lo era, sino porque lo vivido y experimentado adquiría dimensiones de eternidad al transformar lo visto, oído, sentido, imaginado y pensado en páginas de excepción.  En ninguna de sus obras  encontré desperdicio y releído no se cuántas veces,  me sigue pareciendo el gran Odiseo de nuestro tiempo, creador de la ficción verdadera desde que se obsesionó con Lawrence de Arabia. El modelo de escritor y pensante que tuvo al Hombre en sí en su preocupación esencial orientó mi interés por lo sagrado. Por él abrí compuertas de luminosidad impensable en la estrechez del México que me rodeaba. Movido por el impulso de abarcarlo todo y desentrañar misterios, fue tras las huellas de la reina de Saba, conversó a profundidad con Nehru, se unió a la resistencia francesa, a la Guerra Civil española, a las guerrillas en Indochina, donde además de nutrirse para escribir La condición humana, traficó con obras de arte y fue encarcelado; siempre irrepetible, fue el gran Ministro de Cultura con De Gaulle y fundador del Museo del Hombre. Al inaugurar el espectáculo de Luz y Sonido en Teotihuacán, subsidiado por la UNESCO, dio un discurso que, como el correspondiente en Atenas, todavía me estremece. Demostró con  Les Voix Du Silence que el mundo del arte no es el de la inmortalidad, sino el de la metamorfosis que en nuestros días equivale al viaje de adentro afuera de la vida misma. Habló con reyes, esclavos, chamanes, curas, combatientes, tiranos…, y de cada uno extrajo relatos invaluables. Lo sagrado fue su axis mundi y el afán de saber lo que le permitió sobrellevar las pérdidas, que fueron tremendas, como las de sus dos hijos.

Tatuada en el alma llevo esa frase suya que pudo ser la de Antígona: toda vida se convierte en misterio cuando la interroga el dolor. O ésta, que repito con las noticias del día en este México ensangrentado: El infierno no es el horror; el infierno es ser degradado hasta la muerte, tanto cuando llega la muerte como cuando pasa de largo (…) El dialogo entre el ser humano y el suplicio es mucho más profundo que el dialogo entre el hombre y la muerte. Todo esto cobró sentido cuando, en mi primer viaje a París, fui a rendir tributo al admirado Jean Moulin, héroe emblemático de la Resistencia. En el Panteón donde reposan sus restos por iniciativa de Malraux, volví a leer la Oración Fúnebre que, emblema de lo sagrado aquella noche de diciembre en que bajo el redoble de los tambores se depositó el pequeño ataúd sobre el catafalco, ante De Gaulle y miles de franceses y extranjeros el Ministro de Cultura evocaba cómo en los campos, en las cuevas, en las salas de tortura… se interrogaban los ladridos de los perros desde el fondo de la noche.

Originaria de un país y una cultura donde son practicamente inexistentes los héroes y a cualquier pelele le besan la mano y le rinden tributo, la figura de Jean Moulin me ha acompañado como la del hombre que -superior a Perseo-, cayó en manos de la tremenda Medusa, encarnada en el sádico Klaus Barbie Altmann, el Carnicero de Lyon, su torturador despiadado quien, sin que se le moviera un pelo, le reventó los órganos y le hizo probar el límite del sufrimiento humano; la peor de las torturas, sí, sin conseguir que el gran Jefe de la Resistencia revelara un solo secreto: él, que los sabía todos.

No me fue dado realizar grandes hazañas. ¡Qué lástima! Me quedé en el puente de los sueños prestados que, a veces, trasmutan en escritura. El bobalicón en turno, que nunca falta, me pregunta que para qué tanta lectura, que para qué sirven los libros. Estupefacta, pienso en los pueblos sumidos en las sombras, evoco  a Malraux y el cortejo fúnebre hacia los Inválidos; miro a las Abuelas de la Plaza de Mayo; lloro con las madres mexicanas de miles de desaparecidos; repaso las láminas de Goya con los empalados y sus Sueños de la razón. Pienso en Saturno devorando a sus hijos… Entonces entiendo a los héroes, el significado de la grandeza y el misterio del Hombre.

Comment

Javier Marías, un carácter

September 11, 2023 Martha Robles

Javier Marías. Real Academia de la Lengua

Listo, listísimo, se anticipaba a sus adversarios al calificarse a sí mismo de cascarrabias. Tenía razón, y nadie lo desmetía. Para disgusto de los cómodos y correctos, la apreciable minoría de cascarrabias tiene el don de dar en el blanco, a condición de ser culto, vivir con el ojo en alerta y tener buena pluma, como el caso de Javier Marías. De estupenda tinta, humor inglés y prosa con rigor de relojero, no hallaban rival sus artículos y como novelista, sigue siendo uno de los más reconocidos y vendidos en nuestra lengua quizás porque, curiosamente, de cada 100 lectores de ficción, 90 eran y siguen siendo mujeres: fenómeno que, aunque antiguo, contradice al batallón de señores que se autoproclaman dueños de la literatura. Así se confirmó al recordar, en Madrid, el primer año de su fallecimiento ante un público fundamentalmente femenino, a pesar de (también) haber sido etiquetado de misógino e impertinente.

No se cotejaba con otros ni era parecido a ninguno. Nunca renunció a la máquina de escribir ni ascendió al ordenador. Era, pues, un antiguo en tiempos supersónicos que adoraba el cine, pensar, la buena plática y las obras y a las personas inteligentes, como Henry James. No tardé en enterarme de que tecleaba, corregía a mano, metía el papel al rodillo y reescribía. Lector apasionado, era inevitable que se inmiscullera en la vida de los otros y como biógrafo, en Vidas escritas, apuntó los rasgos/cifra de algunos de sus (mis) autores favoritos: Faulkner, Isak Dinesen en la vejez, Conan Doyle, Rilke, Navokov, Rimbaud, Lawrence Sterne, Wild, Turgueniev, Lampedusa, Mann…

Su libertad fue conquista vitalicia, lo que le hubiera valido la muy decimonónica definición de “libre pensador”. Cuando se lo creía encajar en el bando conservador asomaba la cabeza el republicano liberal y se tratara de amores, observaciones sociales o de política, demostraba que su autonomía moral era irrenunciable. En tiempos de Ortega y Gasset -entrañable para la familia Marías- de personalidades como la suya se decía que eran “individualidades”. Crítico, quejoso e inconforme, Unamuno en cambio gustaba aclarar que el que es, es como es; y el que es, es un carácter: definición que llenaba a plenitud al tan peculiar “Rey de Redonda”: micro isla caribeña deshabitada y poblada de aves, situada en el arco interior de la cadena de islas de Sotavento, en las Indias Occidentales. Divertida y de suyo digna de una obra original, la historia de su reino merecería estar entre los Lugares imaginarios de Alberto Manguel, con las Ciudades invisibles de Calvino o en las Ficciones del inagotable Borges.  

Así  también es biografiable su hasta ahora último regente quien murió a consecuencia de la pulmonía, sin sucesor ni heredero, el 11 de septiembre de 2022, a unos días de cumplir 71 años de edad. El Rey Xavier era, como su ingenioso reinado imaginario, una leyenda: un espíritu original a quien le fastidiaban los necios al grado de no ocultar su disgusto ante la profusión de errores que, especialmente políticos, afeaban la vida española. Dizque malhumorado y discrepante, lo cierto es que renunció a los premios institucionales, como el Nacional de Literatura, en 2012, por Los enamoramientos. Hasta el final de sus días las buenas y las malas lenguas lo creyeron candidato al Nobel, pero ya se sabe que premios y distinciones, incluido el Nobel, son caprichosos porque los mejores suelen, en todo tiempo y lugar, suelen ser rezagados, ninguneados o menospreciados.

Hijo del filósofo repúblicano Julián Marías, y de la traductora Dolores Franco, de la cuna a la tumba vivió entre libros y pensantes de excepción.  En su historia están las causas de su espíritu liberal y demócrata. El augue franquista obligó a la familia a afincarse en los Estados Unidos durante su infancia. Editor, filólogo, traductor, cuentista, periodista, novelista, llenaba a cabalidad la definición tradicional del hombre de letras. Oxford fue su divisa, las letras su pasión y la inteligencia el mejor de sus frutos: decía lo que pensaba, pensaba con claridad y lo escribía sin dudar en una prosa deliciosa, aun a sabiendas -y quizá por eso- que causaba de más de un disgusto. Fumador y solterón, tuvo un ojo especial para describir los enamoramientos, las relaciones de pareja, las fantasías y esas figuraciones que desdibujan la cotidianeidad de matrimonios y amantes, de rupturas, existencias y frustraciones secretas; en suma, noveló con agudeza y pormenores esos mundos de quienes, intramuros y en lenguajes reconocibles especialmente por mujeres, construyen deseos, entregas e historias imaginarias sin renunciar a sus rutinas ni a sus posibilidades vitales insatisfechas.

Siempre percibí la correspondencia entre el Marías de carne y hueso y el autor de la vida de los otros. Con cada lectura me quedaba la sensación de que escuchaba su voz y de que podía adivinar lo que venía en el párrafo siguiente.  Casi lo adivinaba. Y eso me divertía. Muerto él, advierto con mayor claridad las medianías que nos circundan, lo que sucede cuando disminuyen los cascarrabias luminosos y lo que pierden las letras cuando predominan las letras menores sobre las grandes voces.

Comment

El Mal en tiempos del desprecio

August 31, 2023 Martha Robles

De la Web. Lucha contra el Bien y el Mal

Ser una buena persona no es fácil. Lograrlo exige un esfuerzo pedagógico acumulativo y mucho trabajo interior y de la razón, por lo que es inseparable del proceso cultural. No confundir al bueno de verdad con el anodino, el escapista, el bobalicón, el cobarde, el conformista, el parásito, el menso o el ingenuo, como sucede por ignorancia o tontería. A diferencia del batallón superpoblado de perversos, cuya ausencia de límites, ambición de dominio y autocomplacencia ante el sufrimiento rige su conducta agreste, las buenas personas tienen escrúpulos, son compasivas y se contienen. Saben lo difícil que es procurar, aceptar y defender el Bien a contracorriente,  porque es  uno de los triunfos humano/culturales que, aunque tambaleando y con dificultad, desafía al infierno que nos aplasta y nos hace sentir prescindibles, insignificantes, desechables e innecesarios.

En la orilla opuesta del Bien la popularidad del Mal es tremendamente fecunda y tan visible, que no hay manera de eludir sus tentáculos. Su imparable capacidad de acción se multiplica de manera geométrica ya que exige poca o nula inteligencia educada para expandirse.  El poderío en complicidad del Mal integrado con sujetos provenientes de las más bajas escalas de lo humano, demuestra lo fácil que es pertenecer y ensanchar el nicho más abultado y temible de la historia.

 Si se entendiera que no hay nada más ajeno a la generación espontánea que el Bien y lo bueno, las personas, las familas y los pueblos vigilarían los procesos formativos como condición de salud física y mental: únicas inversiones rentables y dignas al corto y largo plazo. Al nacer recibimos en bruto la lucha, el llanto primordial y  el impulso de exigir y tomar, con todos sus agravantes. De las manos que acunan y las voces que nos vinculan con la palabra surgen las primeras tendencias, fastas o nefastas, que marcarán al niño de por vida: empezando por la sentencia  no pasa nada ante el indicio de dolor, desamparo o sufrimiento y a pesar de que por supuesto algo está ocurriendo aunque pretendan negarlo los demás, se fomenta la costumbre de distorsionar las palabras y mentir. De forma progresiva se va infiltrando la torcedura del lenguaje a los modos de asimilar, nombrar, entender y relacionarnos con lo que nos rodea. Y lo que nos rodea es el predominio del Mal, cuyo furor no se había visto ni padecido  en muchísimo tiempo. Por eso hay que insistir en que la vida responsable depende del despertar de la conciencia crítica y de la defensa del Bien como garante de la democracia que, incipiente, apenas podemos notarla.

De tan desfigurado por su culto a las máscaras, al engaño, al abuso, a la extorsión, al resentimiento y al desprecio, los portadores del Mal lograron apropiarse del lenguaje, hasta convertirlo en máscara/matriz de las máscaras mexicanas: ¡vaya desgracia obvia y cargada de dolor, la nuestra! Accedimos por fin a “los tiempos de la infamia”, cuyo azote hacía decir a los remotos abuelos que “nos han abandonado los dioses”.

Lo que es, es como es: imposible negarlo o disfrazarlo. el Mal se está adueñando de los  escasos espacios formativos, mientras el Bien se mantiene a cuentagotas. Encaramado a la delincuencia sobreprotegida y sanginaria, su red crece a la vera del poder con Poder. Nos impide mirarnos, reconocernos y respetarnos los unos a los otros. Divide, confronta, inventa enemigos y hace del desprecio herramienta de sujeción para vilipendiar al distinto, al que se resiste, al que no se inclina ante “el bastón de mando” en posesión de un tirano que se regodea difamando, humillando, ultrajando y vanagloriándose de su cinismo pendenciero. De pies ligeros, así camina el Mal con la mentira cuando usurpa el lugar de la justicia, el derecho y las libertades. Estamos, en suma, inmersos en el tiempo mexicano de la infamia.

Es como un plomo que llevamos en los hombros: nos aplasta, nos reduce y aun el medio ambiente absorbe el odio dominante. El manto que cubre decenas de miles de cadáveres está lleno de agujeros, como la red en los días del anónimo de Tlalteloco. Para colmo, entronizado y simulador, el lenguaje del Mal se hace pasar por el Bien y lo bueno, por lo que ofrece recompensas y hace creer a los necios que, sin esfuerzo, rige los días y las voces que nos oprimen.

Hasta sufrirlo en las propias carnes, creímos que el Mal era cosa de otros: inquisidores, invasores, verdugos, dictadores, torturadores… Pasábamos páginas de la historia  con la comodidad de los que ven el mundo lejos, donde no nos alcanzan las mazmorras medievales, ni las hogueras, ni cámaras de gas. El Mal existe y no como algo opuesto al Bien, como enseñan los reduccionistas. Los budistas creen que el mal es un estado de la mente que se manifiesta con la incapacidad de reaccionar ante el dolor ajeno, con el afán de zaherir y causar sufrimiento, con la envidia, el desprecio, los celos y demás manifestaciones de “la ignorancia” o fuerza poderosa que  lastima profundamente.

 Pues será eso o la certeza de Hannah Arendt de que el propósito del Mal es  eliminar todo rasgo humano de los individuos. Lo innegable es que iguala hacia abajo, combate las virtudes intelectuales, inmoviliza, hiere y antes que el cuerpo, empeña toda su energía en aniquilar el espíritu.

Comment

Ser lector (a): una pasión

August 14, 2023 Martha Robles

¿Quién si no?

Alberto Manguel define la lectura como “la más humana de las actividades creativas”. Humana -pienso con él o a propósito de él- porque congrega pensamiento, imaginación, descubrimiento, deseo, memoria, sueño, goce, emoción, deslinde… Vaya, creativa porque entre libro y lector se abre un mundo de dos lados entre los cuales palabras y silencio no cesan de intercambiar historias, laberintos, secretos y sentimientos insospechados. Me refiero a historias de la memoria pasada y por venir, así como a los relatos del escritor que habla y dice cosas; cosas que podríamos o no conocer, pero que en el mejor de los casos atrapan porque aun lo viejo, cuando dicho de otra manera, resulta tan original o luminoso que nos hace querer más, ir más allá, hacer una pausa para agregar, completar o disminuir, corregir, preguntar y cuando posible, también escribir en paralelo “otra cosa” nueva o distinta de la anterior. Esto, porque especialmente el lector/escritor está naturalmente inoculado de  peculiaridades que lo hacen, aun sin saberlo, miembro de una cofradía de amantes de lo prodigioso: algo manifiesto mediante amor al lenguaje, curiosidad, pasión de saber, gusto por el objeto mismo, por su hechura, su memoria implícita y sus componentes; en suma, por el universo contenido entre portada y contraportada.

Lectora temprana y sin guía, me pregunto cómo me hacía de autores y títulos, inclusive infantiles, sin presencias sensibles a mi alrededor. Por algo me intriga la idea del Destino. Intuí que en la lectura se me revelaba el porvenir o ya estaban descritos hechos sucedidos o por suceder. Al crecer y aun antes de saber que Virginia Woolf escribió lo propio en su ensayo sobre Charlotte Brontë, reconocí huellas de mi existencia en cada libro que “me tocaba”: leer “era tanto como redactar nuestra autobiografía, porque a medida que sabemos más sobre la vida descubrimos que Shakespeare también habló de lo que acabamos de aprender.”   

Sagrado desde mis primeros hallazgos, supe que el libro es depositario del misterio. A partir de esta certeza entendí por qué fracasan, una tras otra, todas las campañas en favor de la lectura: no hay pasión. Los no lectores pretenden persuadir de leer a otros que, como ellos, ignoran de lo que son capaces las palabras. Hay que estar inoculados para probar la fiebre. Entre pazguatos no se enciende ni se trasmite la llama que llama cuando se sabe que la palabra es luz y enamoramiento. Tampoco se comunica que un poema, un cuento, un ensayo, carta o relato cualquiera es un fragmento de la complejísima sabiduría atesorada en sabe Dios cuáles rechimales previstos por mentes tan prodigiosas e intemporales como Homero, Platón, Aristóteles, Sófocles, Shakespeare, Cervantes, Confucio, Juan de la Cruz, Kafka, Yourcenar, Borges, Steiner… Nombres penetrados hasta el hueso por el lenguaje; voces y metáforas que nos permiten ver; ver más allá de lo aparente: VER al otro y lo otro.  Ver al Jesús de Teresa, ver el libro detrás del libro que dijera Jabès; ver el pergamino “que nunca volverá a enrollarse” y el infierno de Dante. Infierno que, años después de leído, es visto y padecido. Ver “tu rostro mi Señor” -como le dice lady Macbeth a su marido, es como un libro en el que los hombres pueden leer cosas extrañas.  Leer pues como iluminado. Leer como los místicos, cuando elevaban la mirada al cielo en pos del Verbo; leer como el elegido que sabe -como san Agustín-  que El libro que leen nunca se cerrará. Leer el sueño y saber…

Aleguen lo que aleguen en favor del libro y sus supuestas virtudes, nunca se ganará un lector con propagandas futiles ni a fuerza de palabrería publicitaria. ¿Para qué -me pregunto- los que no leen quieren que lean los que no leen? ¿Cuál es el trasfondo de tal propósito? Únicamente el que conoce la flama entiende la naturaleza del fuego. Cosa difícil esa de contagiar el enamoramiento del lenguaje y sus misterios. En cualquier nivel, incluida la universidad, nunca tuve un maestro que fuera un verdadero lector. Campeaba el tedio y abundaban burócratas de la enseñanza.  Se recetaban títulos, bibliografías y medianías como si en la exigencia de “examinar” se les fuera prestigio y salario a los profesores. No me tocó en suerte, pues, alguien semejante al Roberto Bolaño devorador de lecturas que a mitad de la noche se levantaba porque debía continuar la página. No me tocó tampoco un tú que leyera como si en ello se le fuera la vida.

Aun hoy, cuando visito un museo o alguna de las bibliotecas que resguardan incunables, rarezas, manuscritos y antigüedades bibliográficas como joyas preciosas, me inclino con devoción ante un códice, un mamotreto, una tablilla sumeria, un papiro un  libro de horas... Pienso en las cartas secretas y la pasión de Heloísa que no declinaba ante la cobardía del mutilado Abelardo. Agradezco en silencio la generosidad de Japón que estando allá y al enterarse de mi interés por el Genji y su literatura en general, me llevaron a conocer el diario de Murasaki Shikibu, entre otras obras remotas, cuya sola memoria aún me estremece. No por nada mi fascinación por la Biblioteca de Alejandría y su historia me han acompañado con la fidelidad de un único y verdadero amor; el amor ideal y recreado a fuerza de lecturas.

Ya se sabe que desde la remota invención de las tablillas, nuestra especie necesitó escribir, inventar lenguajes, extender las palabras para identificar y comprender lo humano, lo sublime, el horror, lo bello, lo conocido y lo desconocido. Fuera en tabillas, rollos, papiros o biblos, la lectura nunca interesó a las mayorías. ¿Por qué, desde sus orígenes y hasta nuestros días leer es privilegio de minorías? Me refiero a leer leer, no a conocer letras del alfabeto ni a rellenar con citas y boberías los muros de las redes sociales. Tampoco me interesan repetidores descendientes de Eco, la infortunada infecunda que aturrulló a Narciso. Leer, pues, como una pasión, la más perdurable e iluminadora de todas.

Comment

El madruguete

July 31, 2023 Martha Robles

Xóchitl Gálvez. Youtube.

El salto de Xóchitl Gálvez al ruedo precampaña le hubiera encantado a Martín Luis Guzmán, quien de primera mano supo todo de pugnas, trompicones y bajezas en dos obras capitales: La sombra del Caudillo y El águila y la serpiente. Grande entre los grandes de nuestras letras, resumió en una línea la historia del poder: “La política mexicana solo conjuga un verbo: madrugar”. Y madruguete fue lo que le hizo  al Preciso una audaz panista  que luce estupendamente el huipil, mientras el  macho la denostaba aprovechando cualquier excusa para autoencumbrarse y afianzar a sus corcholatas. De manera súbita, por donde menos se imaginaba, Xóchitl se apostó a las puertas del Palacio y brilló: habló, exigió, se encaramó y, como de paso, puso en evidencia que la borregada está flaca y no tiene mucha lana de dónde cortar.

En la saga posrevolucionaria de Guzmán no hay presencia femenina. El hecho confirma el talante masculino del poder, inseparable de esta cultura. Aunque durante los enfrentamientos se ponderara a “las  adelitas” que seguían a los hombres con el anafre, el petate y la canasta, y a pesar de que Nellie Campobello se atravesara en su vida y escribiera sus testimonios del Levantamiento, las mujeres brillaban literalmente por su ausencia. Ni en la intimidad era posible que, por temeraria que fuera, una mujer se atreviera a madrugar al hombre, a cualquier hombre. Así transcurrió un siglo hasta que el madruguete que estamos presenciando indica que nada es para siempre.

Dada la supremacía del machismo no había modo de que antes, durante y después de la Revuelta, la mujer -cualquier mujer- fuera vista, apreciada y considerada por sus atributos. Que nacimos para servir y no dar guerra, nos decía la abuela. Así que el fenómeno Xóchitl se convierte en un suceso sin precedente porque, acaso de manera inconsciente, lleva al cabo el primer madruguete femenino de la historia, lo que no es poca cosa. Más singular es su peripecia si consideramos la furibunda respuesta del burlado/madrugado/sobrepasado porque lo madrugó una mujer; es decir,  le salió al gran Tlatuani una echada palante, batalladora, respondona, “sin cola que le pisen” y lista-listísima, como empresaria y política. La rabia con la que ha respondido AMLO al desafío también es inédita. El Presidente no ha podido contener ni disfrazar su disgusto. Para deshonra del mando no oculta su afán de demolerla. Se vale de sus prerrogativas  para inventarle delitos y exponerla como delincuente a los ojos de millones de simpatizantes.  Como ya sabemos, hará hasta lo imposible para embotarla y quitarla del camino.

A López Obrador no le gusta que lo enfrenten ni que lo pongan en evidencia; tampoco soporta a los que difieren de sus planes y propuestas. Desprecia públicamente a los que no se someten a sus caprichos, también a los independientes, a los pensantes, a los educados y a los críticos… No se diga si es mujer la que se le pone al brinco y echa mano de alegatos que a él mismo, en su populismo, le gusta esgrimir. El adjetivo fifí que con tanto desparpajo extrae de su vocabulario para ideologizar su desprecio a los que no se dejan engañar, se ha revertido contra él mismo al estar exhibido por la hidalguense tan orgullosa de su origen como de sus logros legítimos y personales.

Me niego a creer que la oposición no tenga un candidato capaz de pasar página al realismo terrorífico que padecemos. Estrella fugaz, tampoco veo a Xóchitl con la bandera cruzada sobre su pecho. No obstante, nadie podrá quitarle el lugar que ya tiene en la historia.  Son los “tiempos”, los famosos “tiempos políticos” que decían chuchas cuereras tan memorables como don Jesús Reyes Heroles o el mejor Muñoz Ledo, los que deben imperar en la selección. Lo desearíamos dotado con la metis o argucia tan valorada por los remotos griegos. En términos ideales, necesitamos un estratego que, para gobernar, entienda las trampas del poder y comience por restaurar el estado de derecho… Pero ese es otro tema.

Xóchitl Gálvez es un carácter: ha despertado a miles que llegaron a suponer que “este pueblo no tiene remedio”, como proclamaba el desencantado José Vasconcelos.  Ella es uno de los productos mejor logrados de la cultura del esfuerzo y del efímero ensayo de movilidad social de la segunda mitad del siglo pasado. Podría gritar en la Plaza de la Constitución Yo se quién soy, como el Quijote.  Nada la arredra, ni siquiera el puño  amenazante de la autocracia.  Es astuta, se adelantó a una acción y al control del hombre del poder. Lo sorprendió  con un golpe efectista  y súbitamente se convitió en la mujer de la situación. Pese a lo anterior, no se le ven habilidades suficientes para vencer en la que será una de las contiendas más difíciles de nuestra precaria democracia. Ella sabe que la mentira es el recurso de los cobardes que injurian y quebrantan la honra de las víctimas de maquinaciones. Aun así, la propaganda amañada confirma la máxima de Goebbels: “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. ¿Cúantas veces, desde la mañanera, se han repetido mentiras que sustentan la gran verdad del ficcionario de  MORENA?

Comment
← Newer Posts Older Posts →

ÍNDICE

Click para ir

  • January 2026
    • Jan 28, 2026 Meditación sobre el desaliento Jan 28, 2026
    • Jan 8, 2026 USA quita. USA pone: herencia nefasta Jan 8, 2026
  • December 2025
    • Dec 17, 2025 Furor decembrino, mi disgusto Dec 17, 2025
    • Dec 1, 2025 De la violencia, el secreto y las Furias Dec 1, 2025
  • November 2025
    • Nov 13, 2025 Paul Auster, su invención/mi invención del padre Nov 13, 2025
  • October 2025
    • Oct 18, 2025 TIEMPO DE TIRANOS Oct 18, 2025
    • Oct 2, 2025 Tlaltelolco: una cicatriz de fuego Oct 2, 2025
  • September 2025
    • Sep 14, 2025 Djuna Barnes: un destino Sep 14, 2025
  • August 2025
    • Aug 3, 2025 De la violencia y el olvido Aug 3, 2025
  • July 2025
    • Jul 24, 2025 Tántalo, del deseo insaciable Jul 24, 2025
    • Jul 15, 2025 De razas, apariencia, discriminación y desprecio social Jul 15, 2025
    • Jul 7, 2025 La piedad, de ayer y de hoy Jul 7, 2025
  • June 2025
    • Jun 23, 2025 El país: historial de sueño y pesadilla Jun 23, 2025
    • Jun 3, 2025 Ser de izquierda. Y eso, ¿qué diablos es? Jun 3, 2025
  • May 2025
    • May 19, 2025 Página del diario. Caos, signo de nuestro tiempo May 19, 2025
    • May 5, 2025 Insignificancia del Mal May 5, 2025
  • April 2025
    • Apr 17, 2025 De MVL e izquierdas y derechas Apr 17, 2025
    • Apr 5, 2025 De la pasión por los diarios Apr 5, 2025
  • March 2025
    • Mar 27, 2025 De la dificultad de ser distinto Mar 27, 2025
    • Mar 2, 2025 De la ansiedad al sectarismo Mar 2, 2025
  • February 2025
    • Feb 7, 2025 Robert Tsuovas (De mis Biografías Clandestinas aún inéditas) Feb 7, 2025
  • January 2025
    • Jan 28, 2025 Auschwitz, ¿hablamos de lo humano? Jan 28, 2025
    • Jan 7, 2025 Ninguneo Jan 7, 2025
  • December 2024
    • Dec 28, 2024 Legado de Alfonso Reyes. A 65 años de su fallecimiento Dec 28, 2024
    • Dec 20, 2024 La gran dignidad de Gisèle Pelicot Dec 20, 2024
    • Dec 10, 2024 Siria: su fatalidad ancestral Dec 10, 2024
  • November 2024
    • Nov 21, 2024 Alfonso Reyes, su cortesía Nov 21, 2024
    • Nov 8, 2024 Santa Muerte Nov 8, 2024
  • October 2024
    • Oct 30, 2024 Pobre, muy pobre democracia Oct 30, 2024
    • Oct 10, 2024 Sin modelo de país Oct 10, 2024
  • September 2024
    • Sep 26, 2024 El estigma de Emma Bovary Sep 26, 2024
    • Sep 11, 2024 Las Torres: el atentado del siglo Sep 11, 2024
    • Sep 4, 2024 Pliar Donoso. El riesgo de los diarios Sep 4, 2024
  • August 2024
    • Aug 20, 2024 Escribir sobre el padre: nueva tendencia Aug 20, 2024
    • Aug 7, 2024 Medio siglo sin Rosario Castellanos Aug 7, 2024
  • July 2024
    • Jul 25, 2024 Diarios. Otra vez los espejos Jul 25, 2024
    • Jul 13, 2024 La sociedad y sus letras Jul 13, 2024
  • June 2024
    • Jun 17, 2024 Del Padre/padre Jun 17, 2024
  • May 2024
    • May 30, 2024 Malas decisiones May 30, 2024
    • May 14, 2024 El tiempo del desprecio. Herencia innombrable May 14, 2024
  • April 2024
    • Apr 24, 2024 Del libro y la memoria Apr 24, 2024
    • Apr 2, 2024 Memoria y tatuajes en el alma Apr 2, 2024
  • March 2024
    • Mar 16, 2024 Entrevistas ficticias Mar 16, 2024
  • February 2024
    • Feb 29, 2024 Truman Capote, el siempre vivo Feb 29, 2024
    • Feb 13, 2024 Menopausia, el tsunami Feb 13, 2024
    • Feb 1, 2024 El arte no paga facturas; el saber tampoco Feb 1, 2024
  • January 2024
    • Jan 25, 2024 De la memoria. Bibliotecas Jan 25, 2024
    • Jan 12, 2024 Sobre las malas relaciones Jan 12, 2024
    • Jan 3, 2024 Del diario y la memoria Jan 3, 2024
  • December 2023
    • Dec 18, 2023 ADIÓS MARIO. ADIÓS BOOM Dec 18, 2023
    • Dec 7, 2023 Otra vez vencidos: no leer, no contar… Dec 7, 2023
    • Dec 1, 2023 Raro, ¿no? Eso de ser  mujer por estos rumbos Dec 1, 2023
  • November 2023
    • Nov 11, 2023 Veleidad de los premios Nov 11, 2023
  • October 2023
    • Oct 31, 2023 Acapulco, la puntiilla Oct 31, 2023
    • Oct 10, 2023 COVID. Pasos en la azotea y confesión obligada Oct 10, 2023
    • Oct 2, 2023 Página del diario. De sueños prestados Oct 2, 2023
  • September 2023
    • Sep 11, 2023 Javier Marías, un carácter Sep 11, 2023
  • August 2023
    • Aug 31, 2023 El Mal en tiempos del desprecio Aug 31, 2023
    • Aug 14, 2023 Ser lector (a): una pasión Aug 14, 2023
  • July 2023
    • Jul 31, 2023 El madruguete Jul 31, 2023
    • Jul 19, 2023 Página del diario. “Lo correcto es largarse” Jul 19, 2023
    • Jul 4, 2023 La atracción del Mal Jul 4, 2023
  • June 2023
    • Jun 21, 2023 Ya no se espera a los bárbaros Jun 21, 2023
    • Jun 9, 2023 Elegir. Lo que queda después del libro Jun 9, 2023
  • May 2023
    • May 30, 2023 Memoria infiel. De la cuna a la tumba May 30, 2023
    • May 19, 2023 Envejecer May 19, 2023
    • May 8, 2023 Maestros, ¿maestros? May 8, 2023
    • May 1, 2023 Príamo. El dolor del vencido May 1, 2023
  • April 2023
    • Apr 8, 2023 De viudas y herederos Apr 8, 2023
  • March 2023
    • Mar 29, 2023 Calcinados en las puertas del infierno Mar 29, 2023
    • Mar 14, 2023 No soy yo, tampoco el otro Mar 14, 2023
    • Mar 5, 2023 Feminismos, espejo de lo real Mar 5, 2023
  • February 2023
    • Feb 16, 2023 Haití y el síndrome del vencido Feb 16, 2023
    • Feb 6, 2023 Ricardo Garibay, escalpelo en ristre, 4 Feb 6, 2023
    • Feb 1, 2023 Ricardo Garibay, escalpelo en ristre, 3 Feb 1, 2023
  • January 2023
    • Jan 27, 2023 Ricardo Garibay, escalpelo en ristre, 2 Jan 27, 2023
    • Jan 24, 2023 Ricardo Garibay. Escalpelo en ristre, I Jan 24, 2023
    • Jan 18, 2023 Those were (are) the days Jan 18, 2023
    • Jan 4, 2023 Pasiones seniles Jan 4, 2023
  • December 2022
    • Dec 20, 2022 Larga sombra del Maximato Dec 20, 2022
    • Dec 1, 2022 Alfonso Reyes: el perfil del hombre Dec 1, 2022
  • November 2022
    • Nov 19, 2022 Proust: conversar con los difuntos Nov 19, 2022
    • Nov 7, 2022 Memoria y escritura Nov 7, 2022
  • October 2022
    • Oct 25, 2022 De la memoria y la carta de un difunto Oct 25, 2022
    • Oct 9, 2022 Lo de hoy: profanar el lenguaje Oct 9, 2022
  • September 2022
    • Sep 21, 2022 Sep 21, 2022
    • Sep 8, 2022 A propósito de Vila-Matas Sep 8, 2022
  • August 2022
    • Aug 20, 2022 Del diario: la posteridad y la fama Aug 20, 2022
    • Aug 4, 2022 El dolor de Virginia Aug 4, 2022
  • July 2022
    • Jul 19, 2022 Memoria y olvido Jul 19, 2022
    • Jul 10, 2022 Mediocridad como mérito Jul 10, 2022
  • June 2022
    • Jun 30, 2022 Con las manecillas al revés Jun 30, 2022
    • Jun 12, 2022 De la belleza de la imperfección Jun 12, 2022
    • Jun 3, 2022 De mujeres, hoy: escribir como sea, de lo que sea Jun 3, 2022
  • May 2022
    • May 24, 2022 Diarios perdidos May 24, 2022
    • May 11, 2022 Atrapada por los selfies May 11, 2022
  • April 2022
    • Apr 21, 2022 No se nace Grinch, lo hacen Apr 21, 2022
    • Apr 5, 2022 De mis diarios. Fidel, otra mirada Apr 5, 2022
  • March 2022
    • Mar 24, 2022 El escritor y la edad Mar 24, 2022
    • Mar 7, 2022 Marginadas desde la Colonia: espejo de la verdad Mar 7, 2022
  • February 2022
    • Feb 22, 2022 Nuevos tiempos oscuros Feb 22, 2022
    • Feb 8, 2022 A propósito del infierno Feb 8, 2022
  • January 2022
    • Jan 25, 2022 Decir no o dejarse caer Jan 25, 2022
    • Jan 10, 2022 Meditación sobre la tontería Jan 10, 2022
    • Jan 2, 2022 Olvido e ignorancia: misma desventura Jan 2, 2022
  • December 2021
    • Dec 15, 2021 Del Kîs que escribe en mi memoria Dec 15, 2021
    • Dec 7, 2021 Jimena Canales: historiar para cambiar la historia Dec 7, 2021
  • November 2021
    • Nov 17, 2021 Mi pesadilla, nuestro infierno Nov 17, 2021
  • October 2021
    • Oct 24, 2021 Los muertos. El otro relato, 1 Oct 24, 2021
    • Oct 12, 2021 Página del diario. Idea del desprecio Oct 12, 2021
    • Oct 1, 2021 Cuando me da por pensar en Lobo Antunes Oct 1, 2021
  • September 2021
    • Sep 23, 2021 Ironías de la historia: seguimos nepantla Sep 23, 2021
    • Sep 13, 2021 Lo feo. Su falsa reivindicación Sep 13, 2021
    • Sep 4, 2021 Del huésped incómodo y sus obsequiosos anfitriones Sep 4, 2021
  • August 2021
    • Aug 21, 2021 Velocidad: la tentación del abismo Aug 21, 2021
    • Aug 7, 2021 El zoquete por venir Aug 7, 2021
  • July 2021
    • Jul 21, 2021 Añoro la risa Jul 21, 2021
    • Jul 5, 2021 Más de esperpentos y tiranos Jul 5, 2021
  • June 2021
    • Jun 21, 2021 Las palabras, esos espejos... Jun 21, 2021
    • Jun 3, 2021 Mme. Bovary y yo Jun 3, 2021
  • May 2021
    • May 24, 2021 México entre vacunas May 24, 2021
    • May 14, 2021 De la Biblioteca de Alejandría y otras pasiones May 14, 2021
  • April 2021
    • Apr 29, 2021 Recordar, otra vez: de las madres de ayer Apr 29, 2021
    • Apr 12, 2021 Alaíde Foppa. Su signo trágico Apr 12, 2021
    • Apr 3, 2021 De mis diarios. Más de memoria Apr 3, 2021
  • March 2021
    • Mar 29, 2021 Retorno a los años oscuros Mar 29, 2021
    • Mar 21, 2021 De los días de "prende el radio" Mar 21, 2021
    • Mar 14, 2021 Metamir: mirar lo oculto Mar 14, 2021
    • Mar 1, 2021 Hipocresía y violaciones sexuales Mar 1, 2021
  • February 2021
    • Feb 20, 2021 De la memoria, esa incansable Feb 20, 2021
    • Feb 13, 2021 Del poder y los locos Feb 13, 2021
    • Feb 7, 2021 El libro: pasión de minorías Feb 7, 2021
  • January 2021
    • Jan 30, 2021 La magia del Cid campeador Jan 30, 2021
    • Jan 22, 2021 Contracultura y fracaso educativo Jan 22, 2021
    • Jan 12, 2021 Un mundo poscovid Jan 12, 2021
  • December 2020
    • Dec 31, 2020 Madre piedad: una deuda de amor Dec 31, 2020
    • Dec 19, 2020 Un tiempo raro Dec 19, 2020
    • Dec 9, 2020 Meditación sobre la tristeza de nuestros días Dec 9, 2020
  • November 2020
    • Nov 23, 2020 Página del diario. El virus del desasosiego Nov 23, 2020
    • Nov 14, 2020 José Revueltas, peldaño de la denuncia* Nov 14, 2020
  • October 2020
    • Oct 29, 2020 De mis diarios. Entre toros y Covid-19 Oct 29, 2020
    • Oct 10, 2020 Página del diario. Alfabetos soñados Oct 10, 2020
    • Oct 1, 2020 1968: memoria imperfecta Oct 1, 2020
  • September 2020
    • Sep 12, 2020 Los diarios: su fondo misterioso Sep 12, 2020
    • Sep 4, 2020 Fernando VII. Realidad que supera la ficción Sep 4, 2020
  • August 2020
    • Aug 20, 2020 Nuestra deuda con Agustín Millares Carlo Aug 20, 2020
    • Aug 13, 2020 Alfonso Reyes, otra mirada Aug 13, 2020
    • Aug 1, 2020 Esther, un alma errante Aug 1, 2020
  • July 2020
    • Jul 19, 2020 Lo mexicano: La vida no vale nada Jul 19, 2020
  • June 2020
    • Jun 25, 2020 Memoria de un cleptómano Jun 25, 2020
    • Jun 12, 2020 Sobre el arte de la biografía Jun 12, 2020
  • May 2020
    • May 26, 2020 De la enfermedad, el sueño y los dioses May 26, 2020
    • May 17, 2020 Fragmento de autobiografía inédita May 17, 2020
    • May 7, 2020 Confinamiento y silencio. Página del diario May 7, 2020
  • April 2020
    • Apr 22, 2020 María Zambrano. Palabras del regreso Apr 22, 2020
    • Apr 18, 2020 A propósito del FONCA Apr 18, 2020
    • Apr 9, 2020 Página del diario. A propósito de Alberti Apr 9, 2020
    • Apr 1, 2020 Otra caverna, mismas sombras Apr 1, 2020
  • March 2020
    • Mar 17, 2020 Escenas medievales Mar 17, 2020
  • February 2020
    • Feb 29, 2020 La confesión. Página del diario Feb 29, 2020
    • Feb 17, 2020 Me acuerdo, me acuerdo Feb 17, 2020
    • Feb 4, 2020 Kafka, a la vuelta de la esquina Feb 4, 2020
  • January 2020
    • Jan 27, 2020 De mis diarios: Auschwitz y Trzebini Jan 27, 2020
    • Jan 14, 2020 De mis diarios. Conferencias Jan 14, 2020
    • Jan 7, 2020 84, Charing Cross Road Jan 7, 2020
  • December 2019
    • Dec 28, 2019 Gobernantes a la baja Dec 28, 2019
    • Dec 18, 2019 De mis diarios. Egos monumentales Dec 18, 2019
    • Dec 9, 2019 Los huesos de Montaigne Dec 9, 2019
  • November 2019
    • Nov 15, 2019 De mis diarios. Deleites perdidos Nov 15, 2019
    • Nov 9, 2019 De mis diarios. Lo que el Muro derrumbó Nov 9, 2019
  • October 2019
    • Oct 18, 2019 Judía y mujer: una cabeza incómoda Oct 18, 2019
    • Oct 11, 2019 Memoria. De mis diarios Oct 11, 2019
  • September 2019
    • Sep 26, 2019 De libros y Los creadores Sep 26, 2019
    • Sep 16, 2019 La mediocracia, una pandemia Sep 16, 2019
  • August 2019
    • Aug 29, 2019 De mis diarios. Con Elizondo en el CME Aug 29, 2019
    • Aug 22, 2019 Narciso, otro símbolo de Borges Aug 22, 2019
    • Aug 2, 2019 Sobre La otra vida de Daniel Aug 2, 2019
  • July 2019
    • Jul 23, 2019 Esta curiosa pasión por las letras Jul 23, 2019
    • Jul 12, 2019 Primer recuerdo. Página del diario Jul 12, 2019
    • Jul 2, 2019 Vasconcelos: un antihéroe consagrado* Jul 2, 2019
  • June 2019
    • Jun 22, 2019 Cultura, un privilegio. ¡Claro que sí! Jun 22, 2019
    • Jun 7, 2019 Noa Pothoven. Del pene y la llaga Jun 7, 2019
  • May 2019
    • May 31, 2019 Larga noche oscura May 31, 2019
    • May 10, 2019 Museo de la Mujer May 10, 2019
    • May 2, 2019 De mi ficción verdadera May 2, 2019
  • April 2019
    • Apr 25, 2019 Lo sagrado y las urbes Apr 25, 2019
    • Apr 16, 2019 Apr 16, 2019
    • Apr 8, 2019 De mis diarios. La maldición de la culebra Apr 8, 2019
    • Apr 1, 2019 Reinvención del pasado Apr 1, 2019
  • March 2019
    • Mar 22, 2019 Sin máscaras. Resentimiento social Mar 22, 2019
    • Mar 15, 2019 Entrevista sobre Los pasos del héroe Mar 15, 2019
    • Mar 7, 2019 De la dificultad de ser mujer donde todo lo impide Mar 7, 2019
  • February 2019
    • Feb 26, 2019 Sin metis, solo mediocridad Feb 26, 2019
    • Feb 19, 2019 Páginas del diario. La mirada del otro Feb 19, 2019
    • Feb 12, 2019 Populismo para el hombre-masa Feb 12, 2019
    • Feb 5, 2019 Ni los dictadores son lo que eran Feb 5, 2019
  • January 2019
    • Jan 29, 2019 Saldos de enero y el fin del asombro Jan 29, 2019
    • Jan 20, 2019 La palabra y las libertades Jan 20, 2019
    • Jan 9, 2019 Yourcenar, otra vez: De la verdad y lo bello Jan 9, 2019
    • Jan 1, 2019 Izquierdas personalizadas Jan 1, 2019
  • December 2018
    • Dec 15, 2018 La memoria y su relato. Fragmento autobiográfico. Dec 15, 2018
    • Dec 10, 2018 Meditación frente al Xipe Tótec Dec 10, 2018
  • November 2018
    • Nov 30, 2018 ¿Otra sociedad? ¡Educar a la mujer! Nov 30, 2018
    • Nov 19, 2018 Soledad Nov 19, 2018
    • Nov 9, 2018 Y el Muro cae... Un capítulo de mi autobiografía inédita Nov 9, 2018
    • Nov 3, 2018 Mirar el mundo. Vivir es de bravos Nov 3, 2018
  • October 2018
    • Oct 21, 2018 La inmigración en masa Oct 21, 2018
    • Oct 11, 2018 Desvivirse Oct 11, 2018
    • Oct 4, 2018 Dolor Oct 4, 2018
  • September 2018
    • Sep 21, 2018 Djuna Barnes, 2 Sep 21, 2018
    • Sep 13, 2018 Djuna Barnes, 1 Sep 13, 2018
    • Sep 8, 2018 Desde la UNAM, otra vez la advertencia Sep 8, 2018
  • August 2018
    • Aug 30, 2018 Mujer en tiempos sin género (o de muchos géneros) Aug 30, 2018
    • Aug 17, 2018 1968, tan lejos y tan cerca Aug 17, 2018
    • Aug 10, 2018 Tropezar con las mismas piedras Aug 10, 2018
    • Aug 2, 2018 Literatura: escalpelo del drama humano Aug 2, 2018
  • July 2018
    • Jul 19, 2018 Sin educación: el infierno tan temido Jul 19, 2018
    • Jul 13, 2018 Carlos Fuentes: el demonio de la prisa Jul 13, 2018
    • Jul 5, 2018 Vida y literatura: un viaje extraño Jul 5, 2018
  • June 2018
    • Jun 21, 2018 Pasión por la lectura Jun 21, 2018
    • Jun 8, 2018 Páginas del diario. El Sistema redivivo Jun 8, 2018
  • May 2018
    • May 31, 2018 El huevo de la serpiente May 31, 2018
    • May 24, 2018 Fin de la máscara, hora del esperpento May 24, 2018
    • May 10, 2018 Páginas del diario. Insomnio y memoria May 10, 2018
    • May 7, 2018 Video/ entrevista. Culpas viejas, Mujeres nuevas May 7, 2018
    • May 4, 2018 Lou Andreas-Salomé May 4, 2018
  • April 2018
    • Apr 26, 2018 La pura verdad: Sin justicia no hay Estado Apr 26, 2018
    • Apr 19, 2018 Del machismo y sus miserias Apr 19, 2018
    • Apr 5, 2018 Del ITAM y otros prejuicios Apr 5, 2018
  • March 2018
    • Mar 29, 2018 Ni peras ni olmo ni escritura que nos nombre Mar 29, 2018
    • Mar 26, 2018 Quedarse nepantla, así los Boomers Mar 26, 2018
    • Mar 17, 2018 Sin cultura, sólo degradación Mar 17, 2018
    • Mar 16, 2018 Córdoba en la memoria. Dios en la tierra Mar 16, 2018
    • Mar 3, 2018 Abelardo y Eloísa: una tragedia medieval Mar 3, 2018
  • February 2018
    • Feb 25, 2018 Parejas extraordinarias. Abelardo y Eloísa, I Feb 25, 2018
    • Feb 8, 2018 Lolita: mito y realismo puro Feb 8, 2018
    • Feb 1, 2018 António Lobo Antunes en mis diarios Feb 1, 2018
  • January 2018
    • Jan 25, 2018 De aquellos días y de hoy Jan 25, 2018
    • Jan 18, 2018 El descenso de México Jan 18, 2018
    • Jan 11, 2018 De la enfermedad y los doctores Jan 11, 2018
  • December 2017
    • Dec 28, 2017 De amores y errores Dec 28, 2017
    • Dec 21, 2017 De mis diarios. Alexandra David-Néel Dec 21, 2017
    • Dec 14, 2017 De mis diarios y Sir Richard Francis Burton Dec 14, 2017
    • Dec 9, 2017 Fanatismo o milagro Dec 9, 2017
  • November 2017
    • Nov 30, 2017 Nuestra ciudad, un infierno Nov 30, 2017
    • Nov 17, 2017 Romance del Moro (Cuento) Nov 17, 2017
    • Nov 9, 2017 Silencio Nov 9, 2017
    • Nov 2, 2017 La ceguera de los que quieren perder Nov 2, 2017
  • October 2017
    • Oct 26, 2017 Eco y Narciso Oct 26, 2017
    • Oct 19, 2017 Machismo y abuso sexual Oct 19, 2017
    • Oct 12, 2017 Parejas extraordinarias. Hannah Arendt y Martin Heidegger, II Oct 12, 2017
    • Oct 5, 2017 Parejas extraordinarias. Hannah Arendt y Martin Heidegger, I Oct 5, 2017
  • September 2017
    • Sep 28, 2017 El día después Sep 28, 2017
    • Sep 21, 2017 La ira de los dioses Sep 21, 2017
    • Sep 14, 2017 Tiembla, duele, llora la patria Sep 14, 2017
    • Sep 7, 2017 Desencanto y mentira social Sep 7, 2017
  • August 2017
    • Aug 24, 2017 Alberto Manguel, otra vez Aug 24, 2017
    • Aug 18, 2017 Mundo de ayer y de hoy Aug 18, 2017
    • Aug 10, 2017 Dalí, surrealista inagotable Aug 10, 2017
    • Aug 3, 2017 Miguel León-Portilla: otra mirada Aug 3, 2017
  • July 2017
    • Jul 27, 2017 Culebras, ratas y caníbales Jul 27, 2017
    • Jul 20, 2017 Shambhala o Shangri-la Jul 20, 2017
    • Jul 13, 2017 ¿Burlas y corruptelas? Democracia, no hay más Jul 13, 2017
    • Jul 6, 2017 Idea del destino Jul 6, 2017
  • June 2017
    • Jun 29, 2017 Del habla y memoria del sistema, II Jun 29, 2017
    • Jun 22, 2017 Lenguaje del sistema. Su pequeña eternidad, I Jun 22, 2017
    • Jun 16, 2017 Redes sociales, espejo de nuestro ánimo Jun 16, 2017
    • Jun 8, 2017 Carlota, su cetro envenenado Jun 8, 2017
    • Jun 1, 2017 Plaza Comercial Artz Pedregal: Otra arbitrariedad Jun 1, 2017
  • May 2017
    • May 25, 2017 Embarazos de adolescentes May 25, 2017
    • May 18, 2017 De la abyección a la infamia May 18, 2017
    • May 5, 2017 Del mito de la caverna May 5, 2017
  • April 2017
    • Apr 28, 2017 Mucha gente. Poco mundo Apr 28, 2017
    • Apr 20, 2017 Del uno y del otro méxicos Apr 20, 2017
    • Apr 13, 2017 Idea del mal Apr 13, 2017
  • March 2017
    • Mar 30, 2017 Marcel Schwob: la obra perfecta Mar 30, 2017
    • Mar 23, 2017 ¿Cómo llegamos a esto? Mar 23, 2017
    • Mar 16, 2017 Actualidad de los mitos Mar 16, 2017
    • Mar 9, 2017 Del polvo y la memoria. Juan Rulfo, 2 Mar 9, 2017
    • Mar 2, 2017 Del polvo y la memoria. Juan Rulfo, 1 Mar 2, 2017
  • February 2017
    • Feb 23, 2017 Feminismo, en la nave va Feb 23, 2017
    • Feb 16, 2017 (In) cultura en tiempos del Bad Hombre Feb 16, 2017
    • Feb 2, 2017 La Gorgona, su reality show Feb 2, 2017
  • January 2017
    • Jan 27, 2017 México, chivo expiatorio Jan 27, 2017
    • Jan 26, 2017 Bienvenida a mi bibliografía Jan 26, 2017
    • Jan 19, 2017 Llegó el lobo Jan 19, 2017
    • Jan 12, 2017 Ave Fénix Jan 12, 2017
    • Jan 5, 2017 Malos signos Jan 5, 2017
  • December 2016
    • Dec 15, 2016 De fiesta con Rubí Dec 15, 2016
    • Dec 8, 2016 Intelectuales y Fidel, II. El Gabo, amigos por siempre Dec 8, 2016
    • Dec 1, 2016 Intelectuales y Fidel. Fin del idilio, I Dec 1, 2016
  • November 2016
    • Nov 25, 2016 Ablación genital femenina Nov 25, 2016
    • Nov 18, 2016 Plan B. Actuar sin miedo Nov 18, 2016
    • Nov 11, 2016 Malos tiempos, grandes retos Nov 11, 2016
    • Nov 3, 2016 Parejas extraordinarias. Will y Ariel Durant Nov 3, 2016
  • October 2016
    • Oct 21, 2016 El futuro no es lo que era Oct 21, 2016
    • Oct 13, 2016 De la hispanidad y la red de agujeros Oct 13, 2016
    • Oct 7, 2016 Con Kafka, ¿a dónde huir? Oct 7, 2016
  • September 2016
    • Sep 30, 2016 Señor Presidente: aquí mi piedra Sep 30, 2016
    • Sep 23, 2016 Cultura del descenso Sep 23, 2016
    • Sep 16, 2016 Símbolo de Hidalgo: La patria sin cabeza Sep 16, 2016
    • Sep 9, 2016 El síndrome de Bartleby Sep 9, 2016
    • Sep 3, 2016 Kawabata: arte puro Sep 3, 2016
  • August 2016
    • Aug 25, 2016 Presidente sin suerte Aug 25, 2016
    • Aug 18, 2016 El mal, ese misterio Aug 18, 2016
    • Aug 11, 2016 Narcocultura de arriba abajo Aug 11, 2016
    • Aug 5, 2016 Familia en extinción Aug 5, 2016
  • July 2016
    • Jul 29, 2016 La caída: desintegración social Jul 29, 2016
    • Jul 22, 2016 Noticias del infierno Jul 22, 2016
    • Jul 14, 2016 Angry Young Men Jul 14, 2016
    • Jul 8, 2016 Más polis y menos poder Jul 8, 2016
  • June 2016
    • Jun 23, 2016 De la SEP y su memorial de derrotas Jun 23, 2016
    • Jun 16, 2016 La eternidad Jun 16, 2016
    • Jun 9, 2016 Alternancia no es democracia Jun 9, 2016
    • Jun 2, 2016 Biografías clandestinas. Un hombre del sistema Jun 2, 2016
  • May 2016
    • May 21, 2016 En Londres, otra vez May 21, 2016
    • May 13, 2016 Binomio mexicano: injusticia y violencia May 13, 2016
    • May 4, 2016 Yoísmo y humanidad residual May 4, 2016
  • April 2016
    • Apr 22, 2016 El Quijote en la cueva de Montesinos[1] Apr 22, 2016
    • Apr 14, 2016 Fuera de lugar Apr 14, 2016
    • Apr 8, 2016 Caos, neblumo y la pura verdad Apr 8, 2016
    • Apr 1, 2016 Mismo laberinto: de la soledad al delito Apr 1, 2016
  • March 2016
    • Mar 25, 2016 Lo sagrado en Benarés Mar 25, 2016
    • Mar 18, 2016 De bribones y guaruras Mar 18, 2016
    • Mar 11, 2016 México: el estigma de su derrota Mar 11, 2016
    • Mar 4, 2016 La UNAM, su nudo gordiano Mar 4, 2016
  • February 2016
    • Feb 26, 2016 Del festín, Dinesen y Babette Feb 26, 2016
    • Feb 18, 2016 Los signos y el Papa Feb 18, 2016
    • Feb 12, 2016 Mutilación genital femenina Feb 12, 2016
    • Feb 5, 2016 De esperpentos y tiranos, 2 Feb 5, 2016
  • January 2016
    • Jan 29, 2016 De esperpentos y tiranos, 1 Jan 29, 2016
    • Jan 22, 2016 El malecón de Tajamar: otra bofetada Jan 22, 2016
    • Jan 15, 2016 Comedia de sangre y vergüenza Jan 15, 2016
    • Jan 7, 2016 El Quijote en la cueva de Montesinos Jan 7, 2016
  • December 2015
    • Dec 18, 2015 ¿Reforma educativa? Dec 18, 2015
    • Dec 11, 2015 Del secreto Japón confesional Dec 11, 2015
    • Dec 4, 2015 Pablo Neruda Dec 4, 2015
  • November 2015
    • Nov 27, 2015 De mujeres y violencia, otra vez Nov 27, 2015
    • Nov 20, 2015 INCERTIDUMBRE ARMADA Nov 20, 2015
    • Nov 13, 2015 ADRIANO: UN SUEÑO CREADO Nov 13, 2015
    • Nov 6, 2015 Marguerite Yourcenar: Toda sabiduría es paciencia Nov 6, 2015
  • October 2015
    • Oct 22, 2015 El México del horror Oct 22, 2015
    • Oct 16, 2015 Autobiografía Oct 16, 2015
    • Oct 9, 2015 El símbolo del muro Oct 9, 2015
    • Oct 2, 2015 Crónicas oscuras, 2 Robert Tsuovas Oct 2, 2015
  • September 2015
    • Sep 25, 2015 Crónicas oscuras. Muñecos sexuales. Sep 25, 2015
    • Sep 18, 2015 Migraciones: acicate del cambio Sep 18, 2015
    • Sep 11, 2015 Robo Sep 11, 2015
  • August 2015
    • Aug 28, 2015 Siempre Rulfo, siempre entre los muertos Aug 28, 2015
    • Aug 21, 2015 Alberto Manguel Aug 21, 2015
    • Aug 14, 2015 Burocracia cultural Aug 14, 2015
    • Aug 7, 2015 VIVIR EN TIEMPOS HORRIBLES Aug 7, 2015
  • July 2015
    • Jul 31, 2015 Más consumo y menos mundo Jul 31, 2015
    • Jul 24, 2015 IGNORANCIA Y BARULLO Jul 24, 2015
    • Jul 17, 2015 RELEYENDO A PAZ Jul 17, 2015
    • Jul 10, 2015 COLECCIONISTA Jul 10, 2015
    • Jul 3, 2015 Del poder y la cultura Jul 3, 2015
  • June 2015
    • Jun 26, 2015 Bosque pintado de Oma Jun 26, 2015
    • Jun 19, 2015 Escritores y genialidades: Un deslinde Jun 19, 2015
    • Jun 12, 2015 El mundo bajo los párpados Jun 12, 2015
    • Jun 5, 2015 Maestros: El pasado nos alcanza Jun 5, 2015
  • May 2015
    • May 29, 2015 El otro es el culpabl May 29, 2015
    • May 22, 2015 Crier au loup May 22, 2015
    • May 15, 2015 (In) decencia de Marcelo May 15, 2015
    • May 1, 2015 El lenguaje es el mensaje May 1, 2015
  • April 2015
    • Apr 23, 2015 La otra verdad: niños y adolescentes Apr 23, 2015
    • Apr 17, 2015 Dulcinea, éste es gallo Apr 17, 2015
    • Apr 9, 2015 Advertencias desatendidas Apr 9, 2015
    • Apr 2, 2015 Enojo y desconfianza: la obra del sistema Apr 2, 2015
  • March 2015
    • Mar 27, 2015 Don Quijote: El esqueleto de un sueño, 2 Mar 27, 2015
    • Mar 20, 2015 Don Quijote: El esqueleto de un sueño, 1 Mar 20, 2015
    • Mar 13, 2015 Teresa de Jesús Mar 13, 2015
    • Mar 5, 2015 Crónica del cambio, 5 En el mismo barco Mar 5, 2015
  • February 2015
    • Feb 27, 2015 Mexicanización Feb 27, 2015
    • Feb 19, 2015 Crónica del cambio, 4 Feb 19, 2015
    • Feb 12, 2015 Crónica del cambio, 3 Feb 12, 2015
    • Feb 6, 2015 Crónica del cambio, 2 Feb 6, 2015
  • January 2015
    • Jan 30, 2015 Crónica del cambio, 1 Jan 30, 2015
    • Jan 23, 2015 Intolerancia y libertad Jan 23, 2015
    • Jan 16, 2015 ¿Merecemos esto los mexicanos? Jan 16, 2015
    • Jan 9, 2015 Julio Scherer Jan 9, 2015
    • Jan 2, 2015 Annus Horribilis Jan 2, 2015
  • December 2014
    • Dec 19, 2014 Belisario Domínguez: Memoria oportuna Dec 19, 2014
    • Dec 12, 2014 En pos del milagro Dec 12, 2014
    • Dec 5, 2014 Oráculo de Delfos Dec 5, 2014
  • November 2014
    • Nov 28, 2014 José Revueltas: el último idealista Nov 28, 2014
    • Nov 21, 2014 Desobediencia civil Nov 21, 2014
    • Nov 14, 2014 Fin del sistema Nov 14, 2014
    • Nov 7, 2014 Pessoa: un mundo lleno de nombres Nov 7, 2014
  • October 2014
    • Oct 31, 2014 México en vilo Oct 31, 2014
    • Oct 24, 2014 Enlutadas, las madres se mueven Oct 24, 2014
    • Oct 17, 2014 El laberinto de la crisis Oct 17, 2014
    • Oct 10, 2014 Huitzilopochtli, hoy Oct 10, 2014
    • Oct 6, 2014 DIATRIBA Oct 6, 2014
    • Oct 3, 2014 50 años de Tláloc y el Museo Nacional de Antropología Oct 3, 2014
  • September 2014
    • Sep 26, 2014 Camino de Santiago, 2 Sep 26, 2014
    • Sep 18, 2014 Camino de Santiago, 1 Sep 18, 2014
    • Sep 11, 2014 Noticias del infierno Sep 11, 2014
    • Sep 5, 2014 Entrevista al hombre de la historia Sep 5, 2014
  • August 2014
    • Aug 29, 2014 Yerro del director del FCE Aug 29, 2014
    • Aug 22, 2014 De Gutenberg al blog: Pasión por la palabra Aug 22, 2014
    • Aug 14, 2014 Pachanga panista: advertencia oportuna Aug 14, 2014
    • Aug 8, 2014 Donjuanismo Aug 8, 2014
    • Aug 1, 2014 De la grilla y otras voces Aug 1, 2014
  • July 2014
    • Jul 25, 2014 La “Gran familia”: retrato social Jul 25, 2014
    • Jul 18, 2014 Del origen de las palabras: La Torre de Babel Jul 18, 2014
    • Jul 11, 2014 Analfabetos y el sistema Jul 11, 2014
    • Jul 4, 2014 Niños migrantes: víctimas de la injusticia Jul 4, 2014
  • June 2014
    • Jun 27, 2014 Detrás de las páginas Jun 27, 2014
    • Jun 20, 2014 Sixties… ¿Qué es eso? Jun 20, 2014
    • Jun 13, 2014 Francisco: con la Iglesia te has topado Jun 13, 2014
    • Jun 6, 2014 Clitemnestra Jun 6, 2014
  • May 2014
    • May 30, 2014 El último libro May 30, 2014
    • May 23, 2014 De seños, damitas y madrecitas May 23, 2014
    • May 16, 2014 Felicidad May 16, 2014
    • May 9, 2014 10 de mayo: de la memoria involuntaria May 9, 2014
    • May 2, 2014 De premios, distinciones y otras mañas May 2, 2014
  • April 2014
    • Apr 25, 2014 ¡Qué recuerdo! Una experiencia única Apr 25, 2014
    • Apr 18, 2014 Gabriel García Márquez* Apr 18, 2014
    • Apr 11, 2014 Una difunta singular Apr 11, 2014
    • Apr 4, 2014 Nuestras ciudades: moradas desamoradas Apr 4, 2014
  • March 2014
    • Mar 27, 2014 Paz en la cultura Mar 27, 2014
    • Mar 21, 2014 Misterios del amor Mar 21, 2014
    • Mar 14, 2014 El poder del Padre Mar 14, 2014
    • Mar 7, 2014 Parejas extraordinarias: Elena Garro y Octavio Paz Mar 7, 2014
  • February 2014
    • Feb 28, 2014 Parejas extraordinarias León y Sofía Tolstoi Feb 28, 2014
    • Feb 21, 2014 Mariposas negras Feb 21, 2014
    • Feb 14, 2014 Amistades líquidas Feb 14, 2014
    • Feb 7, 2014 La tristeza de un genio Feb 7, 2014
  • January 2014
    • Jan 30, 2014 EL CENTRO HISTÓRICO Y LA VERDAD DE MÉXICO Jan 30, 2014
    • Jan 21, 2014 Enero 21 Jan 21, 2014

Culpas viejas, mujeres nuevas. Entrevista. https://youtu.be/9go7A0-hmso

En Huellas de la Historia, con Francisco (Paco) Prieto y Blanca Loolbe, Alejandro el Grande. Los pasos del héroe”, Radio Red, México, https://podcasts.apple.com/mx/podcast/alejandro-magno/id1243780697?i=1000431633702

Entrevista sobre los pasos del héroe, lunes 11 de marzo, 2019, 2019, Fabián Vázquez y Rafael de la Lanza; Revista Gandhi Lee+

https://www.facebook.com/mascultura/videos/451974625342403/

“Del amor a las letras y otras pasiones” en Poéticas de las inteligencia, programa de radio coordinado por Patricia Galeana y Beatriz Saavedra. Conductora Lourdes Enríquez, IMER, CIUDADANA, 660 am, jueves 27 de agosto de 2020. https://www.mixcloud.com/MujeresalaTribuna/po%C3%A9ticas-de-la-inteligencia-del-amor-a-las-letras-y-otras-pasiones/

A partir de septiembre 2020, colaboraciones en La noche es joven, programa de radio de Enríque García Cuéllar, Tuxtla Gutiérrez, Chis.:

Octubre 2, https://www.facebook.com/MuseodelaMujerMexico/videos/325674728612136/

Octubre 10, Casandra en la mitología, https://www.facebook.com/757213191075830/videos/362463818454782/

Octubre 16, Las migraciones en el mundo, https://www.facebook.com/757213191075830/videos/2675104412742380/

2020

- https://www.facebook.com/757213191075830/videos/3443483862406877 , “intelectuales y poder”, programa La noche es joven dirigido por Enrique García Cuéllar desde Tuxtla Gutiérrez, Chis., Oct. 26, 2020.

- “Helenismo en Alfonso Reyes”, video conferencia organizada por la Sría de Cultura, el Dep. de Literatura del INBA y la Capilla Alfonsina. Con Javier Garcíadiego (director de la Capilla Alfonsina) y la traductora del griego Natalia Moroleón. Moderadora Beatriz Saavedra, Trasmitido en vivo por Facebook, noviembre 5, 2020. https://www.facebook.com/283189608464004/videos/654522281924283/

“Intelectuales, prensa y poder”, en el video programa La noche es joven dirigido por Enrique García Cuéllar desde Tuxtla Gutiérrez, Chis., Nov. 6, 2020. https://www.facebook.com/757213191075830/videos/1034311790327823

“Mujeres y otras penas”, https://www.facebook.com/757213191075830/videos/286419819321195 en el video programa La noche es joven dirigido por Enrique García Cuéllar desde Tuxtla Gutiérrez, Chis., , Nov. 13, 2020

“Gobernar con sermones”, https://www.facebook.com/757213191075830/videos/815646722545743, Ibid., Nov. 27, 2020

“La amistad entre Alfonso Reyes y José Vasconcelos”, Capilla Alfonsina, con Javier García Diego y el dr. Hurtado, Capilla Alfonseca, junio 30 de 2021. https://www.facebook.com/watch/?v=357786745726168

 “Actualidad de Marguerite Yourcenar” , Julio 8 de 2021, en el programa La noche es jocen de Enrique García Cuéllar. https://www.facebook.com/100063493035749/videos/834712267158793


Debate 22, entrevista con Javier Aranda, Octubre 10, 2022, Canal 22. (https://twitter.com/MarthaRoblesO/status/1579661774965866496?t=jl5UKjczBPPI52y91C_now&s=03)

https://twitter.com/MarthaRoblesO/status/1579661774965866496?t=LNgpCJXplWwnHJVKfBU9EQ&s=08

“Las palabras, espejos de la vida”, conferencias, Noviembre 9, 16, 23 y 30 de 2023, Plataforma ZOOM, dos horas por semana, Instituto dde la Cultura y las Artes, Cancún, Quintana Roo. Disponibles en YouTube con este enlace: https://www.youtube.com/playlist?list=PLOOto7Tr4g7IWZRngC2m_3zwvuTIrqE4H

Agosto 7, 2024 A medio siglo del fallecimiento de Rosario Castellanos. Capilla Alfonsina. Coordinación Nacional de Literatura. Sigue en directo la charla especial en honor a Rosario Castellanos. Acompáñanos y explora su impacto en la literatura. Una oportunidad única para reflexionar sobre su legado. Participan: Martha...

www.facebook.com.

https://www.facebook.com/share/v/nw26bULtQ6sooEGs/?mibextid=jmPrMh

“Martha Robles”, entrevista de Beatriz Saavedra para el Diario de Madrid, Noviembre 27, 2024. Entrevista a Martha Robles - https://www.eldiariodemadrid.es/articulo/critica-literaria/entrevista-martha-robles/20241127090423084011.html?utm_medium=social&utm_source=whatsapp&utm_campaign=share_button

https://www.facebook.com/share/p/1B5yZYd17r/

Enero 16 de 2025, Alfonso Reyes y el exilio, Ateneo Español de México, A.C

Powered by Squarespace